Mujer, cuidado y ciencia: cómo las intersecciones perpetúan desigualdades
Por un joven periodista mexicano
En el marco de las actividades organizadas por El Colegio Nacional y a partir del fragmento de María Elena Medina-Mora incluido en el libro coordinado por Concepción Company, Linda Rosa Manzanilla y la propia Medina-Mora, se abre una conversación urgente: las desigualdades de género no son un asunto aislado, sino el cruce de múltiples factores —clase, etnia, territorio y salud— que marcan la vida cotidiana de millones de mujeres en México.
Los datos lo confirman y lo cotidianizan. Instituciones como INEGI y CONEVAL muestran que las mujeres dedican una proporción mucho mayor de tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados, y que ello las empuja con mayor frecuencia a empleos informales, peor pagados y con menos derechos laborales. UN Women y organismos académicos han subrayado cómo estas cargas invisibles funcionan como una especie de lastre: reducen ingresos, limitan el acceso a la educación continua y condicionan la participación política y social.
María Elena Medina-Mora, desde su experiencia en salud mental e investigación, recuerda en el fragmento que compartió El Colegio Nacional que el impacto de estas desigualdades también atraviesa la salud psicológica. No es raro que las mujeres que cargan con el «peso invisible» del cuidado presenten mayores niveles de estrés y menos tiempo para atender su propio bienestar, situación agravada cuando los sistemas públicos de salud no incorporan una perspectiva de género e interseccionalidad.
Otro punto que emerge del fragmento y de la agenda que revisan las coordinadoras del libro es la relevancia de las investigadoras en la vigilancia genómica, especialmente visible durante la pandemia de COVID-19. La participación de científicas y equipos interdisciplinarios demostró la importancia de incluir la mirada de género en la recolección de datos, interpretación y uso de la información para políticas públicas. Sin esa mirada, se corre el riesgo de diseñar respuestas que no alcancen a quienes más necesitan apoyo.
¿Qué significa todo esto para la vida diaria? Imagine una balanza donde, a un lado, la responsabilidad de cuidados y las jornadas dobles de trabajo; al otro, recursos públicos y oportunidades. Hoy esa balanza está desequilibrada. Para corregirla hacen falta políticas concretas: inversión en servicios de cuidado accesibles y públicos, legislación laboral que proteja a las trabajadoras informales, programas de salud mental sensibles al género y mayor presencia de mujeres en ciencia con acceso a financiamiento y liderazgo.
El llamado que lanza este fragmento y la agenda de El Colegio Nacional no es neutro ni abstracto: pide políticas integradas que reconozcan las interseccionalidades y transformen las condiciones materiales de vida. Desde la prensa, la academia y la ciudadanía podemos exigir esos cambios y vigilar su cumplimiento. La desigualdad no es inevitable; es el resultado de decisiones públicas y privadas que se pueden cambiar con voluntad y recursos.
Para avanzar hay que combinar datos, como los que recogen INEGI y CONEVAL, con las voces de las afectadas y la evidencia científica que aporta investigación en salud y genómica. Solo así se diseñarán políticas que no quiten tiempo ni oportunidades, sino que reparen y empoderen. Ese es el desafío que plantea María Elena Medina-Mora en el fragmento y que El Colegio Nacional pone sobre la mesa: transformar el conocimiento en acción pública.
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