Cuilápam se tiñe de cempasúchil: calles y mercados llenos de amarillo y naranja
Productores piden a los compradores evitar el regateo: “no saben lo que tenemos que batallar para ofrecer una planta de calidad”
Cuilápam, Oaxaca. Las calles del pueblo parecen un río de color cuando los montones de cempasúchil ocupan banquetas, patios y puestos: tonos amarillos y naranjas que anuncian la cercanía del Día de Muertos y la intensa jornada de ventas para las familias que cultivan la flor.
Según reportes de El Imparcial de Oaxaca, cientos de plantas y ramos se apilan en el centro y en los tianguis cercanos, donde tojinos de flores se mezclan con el trasiego de compradores. El aroma terroso y dulce del cempasúchil llenaba el aire durante la mañana, mientras vendedores afinaban precios y arreglaban los paquetes para llevar a mercados de la ciudad y a ofrendas domésticas.
Productores consultados imploran a los clientes: “no saben lo que tenemos que batallar para ofrecer una planta de calidad”. Con esa frase resumieron jornadas de trabajo que comienzan meses antes, entre siembra, riego y selección de flor, y que ahora enfrentan la presión de la demanda estacional y de precios que, en la práctica, no siempre cubren los costos.
La escena no es solo color y tradición; es economía local. Para muchas familias de la región, la venta de cempasúchil representa una fuente importante de ingreso anual. Los productores señalan que el reto es doble: cuidar la flor para que llegue en buen estado y conseguir un precio que permita sostener la producción. Por eso piden a la ciudadanía valorar el esfuerzo y evitar regateos que, en su opinión, desvirtúan el trabajo agrícola.
La presencia masiva de flores también trae tensiones prácticas: el manejo de residuos orgánicos, el espacio público ocupado por puestos y el flujo peatonal en las principales calles. Habitantes y comerciantes buscan equilibrar la tradición con el orden urbano para que la venta de cempasúchil beneficie al mayor número posible de personas sin interferir en la vida cotidiana del pueblo.
En este contexto, vecinos y vendedores proponen soluciones sencillas: comprar con anticipación para evitar aglomeraciones, elegir plantas locales para respaldar la economía regional y respetar los precios justos propuestos por los productores. Así, la festividad se mantiene viva y quienes siembran la flor pueden obtener una ganancia digna por su trabajo.
El cempasúchil en Cuilápam no es solo un color; es memoria, esfuerzo y sustento. La recomendación de quienes lo cultivan es clara: valorar el producto y dialogar con los vendedores para construir una tradición que beneficie a toda la comunidad.
Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por El imparcialoaxaca .
