Covid cumple seis años y pasa de emergencia a vigilancia con tres casos en 2026
Por un joven periodista de El Imparcial de Oaxaca
Hace seis años la palabra Covid paralizó rutinas, llenó hospitales y cerró fronteras. En Atzompa quedó registrado el primer deceso que ayudó a medir la magnitud de la crisis en la región; hoy, ese respeto por la memoria convive con una realidad distinta: en lo que va de 2026 solo se han confirmado tres casos en el estado, según registros consultados por El Imparcial de Oaxaca.
La Organización Mundial de la Salud dejó de considerar a Covid-19 como emergencia de salud pública en mayo de 2023, pero el virus no desapareció. Lo que ocurrió fue una transición: de pandemia a un manejo más parecido al de enfermedades respiratorias endémicas. En México, la combinación de campañas masivas de vacunación, tratamiento antiviral disponible y la inmunidad acumulada en la población redujo drásticamente la presión sobre hospitales, reporta la Secretaría de Salud federal.
Para la población oaxaqueña ese cambio se siente en la vida cotidiana. “Antes cerrábamos el puesto cuando alguien tosía, ahora abrimos con precaución; seguimos usando cubrebocas en hospitales y cuidamos a los mayores”, cuenta una vecina de Atzompa entrevistada por este diario. El recuerdo del primer fallecimiento sigue presente como lección sobre la importancia de la salud pública y la solidaridad comunitaria.
Sin triunfalismos: los avances conviven con retos. La vigilancia epidemiológica se mantiene fragmentada, con zonas rurales donde el acceso a pruebas y a atención sigue siendo limitado. Además, el fenómeno del covid persistente —los llamados síntomas post-Covid— afecta a personas que hoy requieren atención y apoyo a largo plazo. Autoridades estatales han reconocido la necesidad de fortalecer la atención primaria y los programas de rehabilitación.
¿Qué ha funcionado? Las vacunas evitaron hospitalizaciones y muertes, y la comunicación de riesgos mejoró con campañas dirigidas a grupos vulnerables. ¿Qué falta? Invertir en laboratorios locales, capacitar a personal de salud en detección temprana y garantizar que las poblaciones más alejadas no queden fuera de programas de prevención y de refuerzos vacunales.
La historia de estos seis años no es solo epidemiológica: es política y social. Las decisiones de salud pública —desde la logística de vacunas hasta el apoyo económico a familias afectadas— marcaron quiénes salieron adelante con menos daños. Por eso la recomendación de especialistas y de la propia Secretaría de Salud es clara: mantener la vigilancia, completar esquemas de vacunación recomendados y fortalecer servicios locales.
En Atzompa, como en muchas comunidades de Oaxaca, el mensaje que dejan estos años es doble: no bajar la guardia, pero tampoco vivir en el miedo permanente. La lección es práctica y colectiva: inversión en salud pública, información veraz y solidaridad ciudadana. El Imparcial de Oaxaca seguirá registrando ese pulso, contando tanto las cifras oficiales como las historias que explican cómo las políticas públicas afectan la vida cotidiana.
Contacto: Redacción, El Imparcial de Oaxaca
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