Mercados del centro llenan las calles en calenda monumental
Centenares de locatarias y locatarios de los mercados emblemáticos de la capital oaxaqueña convirtieron ayer el primer cuadro de la ciudad en una fiesta colectiva que atrajo a visitantes locales, nacionales y extranjeros. Según El Imparcial de Oaxaca, la gran Calenda de los Mercados recorrió avenidas y calles del centro, con música, danzas y puestos que se sumaron al ambiente festivo.
La calenda, tradición viva en Oaxaca, se vivió entre comparsas, bandas de viento y ofrendas móviles. Vendedoras de alimentos, artesanos y comerciantes de frutas, textiles y mole marcharon juntos para visibilizar su trabajo y reivindicar el papel comercial y cultural que juegan los mercados en la vida diaria de la ciudad. El desfile sacó a la calle la actividad que habitualmente queda dentro de los pasillos: sabores, colores y conversaciones que hablan de economía y memoria comunitaria.
“Es una forma de mostrar que aquí seguimos; el mercado no sólo vende, también es cultura y encuentro”, dijo una locataria del Mercado 20 de Noviembre, mientras ofrecía tlayudas a paseantes. La voz de comerciantes que participan en la organización coincidió en que la calenda sirve tanto para reactivar ventas como para fortalecer la identidad del centro histórico.
Organizadores y autoridades municipales colaboraron en la logística: cortes viales temporales, puntos de atención sanitaria y control de afluencia. Sin embargo, participantes y observadores señalaron retos pendientes: la necesidad de mejorar la recolección de residuos tras las celebraciones, facilitar el acceso para personas mayores y garantizar que el comercio ambulante no obstaculice rutas peatonales ni medidas de seguridad.
Desde una perspectiva económica, eventos como este generan un empuje inmediato a las micro y pequeñas unidades de venta. Al mismo tiempo, muestran la importancia de políticas públicas que integren promoción cultural con apoyos concretos a los mercados: mantenimiento de infraestructura, programas de capacitación y esquemas de difusión turística que no desplacen a los locatarios.
La calenda también fue un espacio de encuentro entre generaciones. Jóvenes comerciantes aprovecharon para promover productos novedosos, mientras que comerciantes de más antigüedad recordaron la necesidad de preservar prácticas y saberes tradicionales. Ese diálogo entre lo nuevo y lo antiguo fue, para muchos, el valor más palpable del recorrido.
En términos de seguridad y orden público, fuentes consultadas por El Imparcial de Oaxaca destacaron la coordinación, pero insistieron en que eventos futuros deben contemplar rutas claras de emergencia y servicios móviles de apoyo durante toda la jornada. “Que estas fiestas sigan siendo nuestras depende de que aprendamos a organizarlas mejor”, señaló un integrante de una asociación de locatarios.
La calenda de los mercados dejó, además de música y ventas, una lección sobre la centralidad del comercio local en la vida urbana: no se trata solo de mostrar productos, sino de mantener espacios de convivencia y trabajo dignos. Para que la celebración trascienda el día, comerciantes y autoridades tendrán que traducir la visibilidad en acciones concretas que mejoren la calidad de vida y la sostenibilidad de los mercados.
La fiesta recorrió el corazón de Oaxaca, y con ella volvió a plantearse una pregunta clave: cómo convertir la tradición en políticas públicas que beneficien a quienes todos los días hacen de la ciudad un lugar vivo. Fuente: El Imparcial de Oaxaca.
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