Sección 22 pierde terreno: decae su poder de presión y convocatorias

Por Raúl Nathán Pérez

La Sección 22 de la CNTE, históricamente vista como una fuerza de presión en Oaxaca y en el sur del país, enfrenta hoy un desgaste visible. Lo que durante décadas fue una combinación de movilizaciones, control de plazas y presencia cotidiana en el Centro Histórico parece haber entrado en una fase de declive: campamentos más vacíos, marchas con menos gente y un retorno paulatino a clases en escuelas que permanecían cerradas.

El golpe institucional comenzó a gestarse hace años. En julio de 2015, explica El Imparcial de Oaxaca, el gobierno federal recuperó el control del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), una pieza clave de la influencia regional del sindicato. Desde entonces la estructura de poder que permitía manejar presupuesto, nóminas y plazas de manera casi autónoma se fue reduciendo.

La violencia de 2006 y la tragedia de Nochixtlán, el 19 de junio de 2016, siguen presentes en la memoria colectiva y en la narrativa del magisterio, pero también han convertido episodios pasados en señas de identidad que, hoy, no bastan para sostener la adhesión ciudadana. Como analiza Raymundo Riva Palacio en El Financiero, varios factores convergieron para debilitar a los liderazgos: el hartazgo social, la pérdida de aliados políticos estatales y la decisión de la Presidencia de no abrir mesas de negociación con los mismos referentes de antes.

En la práctica, la Sección 22 se topó con límites que antes no existían. Gobernadores de entidades claves redujeron apoyos; la agenda de reformas administrativas y la vigencia de normas como la Ley del ISSSTE de 2007 cambiaron el tablero. Además, denuncian comerciantes y ciudadanos de Oaxaca, los recurrentes plantones y bloqueos generaron desgaste económico y social que ha pasado factura al movimiento.

Docentes entrevistados en la ciudad han dicho que la base está cansada. Algunos reconocen irregularidades y falta de transparencia en el manejo de recursos, otros piden que la lucha se centre en mejorar condiciones reales de enseñanza, no en mantener formas de disputa que afectan a las escuelas y a las familias.

El desafío para la CNTE y para la Sección 22 es doble: reconstruir legitimidad frente a la sociedad y ofrecer propuestas creíbles para mejorar la educación pública. La presión por privilegios —como plazas y manejo discrecional de recursos— ya no explica por sí sola la movilización ciudadana. Si quieren permanecer como actor relevante, tendrán que renovar estrategias y colocarse en el terreno de la defensa de la calidad educativa, explicó un académico consultado para este despacho.

El panorama inmediato indica menos poder de presión, no necesariamente el final del movimiento. Queda la posibilidad de reconfiguraciones internas o nuevas alianzas, pero también la oportunidad para que el Estado y la sociedad impulsen mecanismos de diálogo efectivos que prioricen a las niñas, niños y jóvenes de Oaxaca.

Fuentes consultadas: El Imparcial de Oaxaca y El Financiero.

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