Documentos desclasificados vinculan a la CIA con operaciones en la UNAM antes del 2 de octubre
Casi seis décadas después, archivos consultados por el National Security Archive revelan comunicaciones que sugieren financiamiento y vigilancia de la CIA en espacios universitarios mexicanos previos a la masacre del 2 de octubre de 1968; cerca de diez páginas permanecen aún fuertemente reservadas.
Ciudad de México — Documentos recopilados y difundidos por el National Security Archive ponen en evidencia una serie de informes y notas internas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que, según los propios expedientes, describen actividades de financiamiento y labores de inteligencia dirigidas a actores y organizaciones vinculadas a la Universidad Nacional Autónoma de México en los meses previos a la represión del 2 de octubre de 1968.
Los papeles, desclasificados parcialmente, muestran intercambios entre oficiales de la CIA y terceros que operaban en la región, así como evaluaciones sobre la influencia de grupos estudiantiles y profesores considerados “susceptibles” a la corriente izquierdista de entonces. Entre los documentos hay solicitudes de apoyo económico encubierto y reportes de vigilancia. No obstante, el conjunto incluye alrededor de diez páginas que la agencia mantiene con tachaduras y reservas que impiden conocer el detalle completo de algunas operaciones.
El contexto de la época ayuda a entender por qué estos archivos eran prioridad: la Guerra Fría y el temor a la expansión de la influencia cubana en América Latina llevaron a la CIA a intervenir en espacios políticos, culturales y académicos. Lo que estos papeles describen es coherente con prácticas documentadas en otros países, pero su relación exacta con decisiones y acciones concretas en México —incluida la cadena de mando local y las responsabilidades específicas— aún requiere aclaración.
Para la comunidad universitaria y las familias afectadas por Tlatelolco, la publicación de estos documentos reaviva preguntas sobre la autonomía universitaria, la libertad de cátedra y la responsabilidad histórica de actores nacionales e internacionales. El hecho de que queden páginas secretas alimenta además la demanda de transparencia: académicos y colectivos de memoria han pedido al Estado mexicano acceso pleno a archivos relacionados y que se exija al gobierno de Estados Unidos la desclasificación completa de lo que resulte pertinente.
La aparición de estos papeles no resuelve de inmediato las dudas centrales, pero aporta piezas importantes al rompecabezas histórico. Como señala el propio National Security Archive, la investigación sobre intervenciones encubiertas durante la Guerra Fría ha requerido décadas de solicitudes de información y decrépitas batallas legales para abrir archivos que muchas veces permanecen fragmentados.
¿Qué sigue? En lo inmediato, estas revelaciones plantean tres retos prácticos: impulsar investigaciones académicas independientes que contrasten documentos extranjeros con archivos nacionales, garantizar mecanismos institucionales para la reparación simbólica y material de las víctimas, y pedir transparencia a las agencias que mantienen información reservada. Para la ciudadanía esto significa vigilar que la memoria no sea rehén del secretismo y exigir que las instituciones públicas —incluida la UNAM— participen en la reconstrucción documental con rigor y apertura.
El informe del National Security Archive invita a repensar la historia reciente de México con documentos que acotan y amplían lo que ya se sabía. No pretende ofrecer respuestas definitivas, pero sí exige preguntas claras: ¿quién financió qué, con qué propósito y bajo qué articulaciones? ¿Qué información sigue bajo reserva y por qué? Mantener esas incógnitas es negar a las víctimas y a la sociedad la posibilidad de verdad y justicia.
En próximos reportajes seguiremos revisando los documentos disponibles, consultando a especialistas en historia contemporánea y derechos humanos, y verificando reacciones institucionales. La memoria pública y la investigación independiente son herramientas para que hechos como los de 1968 no queden relegados al silencio.
Fuente: National Security Archive.
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