Familias piden apoyo zapatista ante sospechas de fosa en Ajusco
CIDECI-Unitierra. Bajo la mirada del subcomandante Moisés, el Capitán Marcos y un centenar de zapatistas, familias de Chiapas, Sonora y la Ciudad de México volvieron a poner sobre la mesa una herida abierta: la búsqueda de personas desaparecidas que, dijeron, cargan casi en solitario porque fiscalías y comisiones no actúan con la urgencia necesaria.
En el encuentro organizado en el centro cultural CIDECI-Unitierra, y documentado por el Frayba (Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas), colectivos y familiares señalaron al Ajusco como un posible lugar donde podrían existir restos —una fosa o un área de entierro clandestino— y exigieron que se realicen búsquedas técnicas y peritajes con transparencia. Los asistentes vincularon las desapariciones con el crimen organizado, con diversas formas de explotación y con una historia de impunidad que, dijeron, remonta hasta el 2 de octubre de 1968 y sus secuelas.
Una madre presente contó que las familias han aprendido a buscar por su cuenta: rastrean pistas, hablan con testigos y organizan excursiones nocturnas cuando las autoridades no responden. Ese esfuerzo, enfatizaron, no sustituye la obligación del Estado de investigar, localizar y entregar a las víctimas con dignidad.
Los representantes del Frayba expusieron la necesidad de que las instancias oficiales —la Fiscalía de la Ciudad de México, las fiscalías estatales correspondientes y la Comisión Nacional de Búsqueda— actúen coordinadas, aporten peritos, se garantice la custodia de las áreas señaladas y se preserve la cadena de custodia. También pidieron que cualquier hallazgo sea tratado con perspectiva de derechos humanos y acompañado por las familias.
El llamado a la organización zapatista fue claro y emotivo: no tanto como protagonismo político, sino como acompañamiento y visibilización. Para las familias, la presencia de la comunidad zapatista en espacios como CIDECI-Unitierra significa respaldo moral y presión pública para que las autoridades no minimicen sus demandas.
Contextualizando, activistas y víctimas recordaron que la búsqueda de desaparecidos en México choca con obstáculos sistémicos: falta de inversión en ciencia forense, rezagos institucionales y una cultura de desconfianza. A 58 años de Tlatelolco, dijeron, la memoria de las víctimas exige traducirse en acciones concretas que rompan la cadena de impunidad.
Qué sigue: los colectivos anunciaron mesas de trabajo con el Frayba y con representantes de las familias para definir rutas de búsqueda, protocolos y peticiones formales a las autoridades. Exigen además acceso a mapas, expedientes y la apertura de investigaciones administrativas cuando haya omisiones. Por su parte, insistieron en que cualquier intervención debe priorizar a las familias y respetar sus tiempos.
La petición que se escuchó en CIDECI-Unitierra no busca solo respuestas inmediatas sobre Ajusco. Es una demanda más amplia: que el Estado deje de delegar en la sociedad civil la tarea de encontrar a los desaparecidos, que asuma su responsabilidad y que, frente a los ecos de la violencia y la explotación, se construyan rutas de verdad y justicia con participación comunitaria.
Fuentes: testimonios de familiares y colectivos reunidos en CIDECI-Unitierra; Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba); presencia del EZLN representada por el subcomandante Moisés y el Capitán Marcos.
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