Envejecimiento y salud: presión y azúcar suben entre mayores de 50

Ciudad de México. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicó los resultados de la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) 2024, y el diagnóstico es claro: la hipertensión y la diabetes están aumentando entre las personas de 50 años y más. El estudio, que sigue la evolución de la salud desde 2001, muestra una tendencia sostenida que interpela a autoridades y comunidades.

INEGI identifica un mayor número de diagnósticos autoinformados de hipertensión arterial y diabetes en esta cohorte. No se trata solo de cifras en un papel: para muchas familias significa más consultas, medicamentos y cuidados en casa. Es la diferencia entre poder seguir trabajando unos años más o depender de atención médica constante; es la diferencia entre un retiro tranquilo y un gasto que desestabiliza economías familiares.

Detrás del aumento hay factores conocidos: obesidad, alimentación con alto consumo de sal y azúcares, sedentarismo y acceso desigual a servicios preventivos. La encuesta también apunta a que los cambios sociales y económicos durante las últimas dos décadas —menos actividad física en el trabajo, mayores niveles de estrés, y dietas procesadas— influyen en el panorama actual.

La repercusión es doble. Primero, en términos de salud individual: la combinación de hipertensión y diabetes eleva el riesgo de infartos, derrames cerebrales y otras complicaciones que disminuyen calidad de vida. Segundo, en términos sociales: el sistema de salud y las redes de apoyo familiar se ven tensionadas, y las personas mayores pueden enfrentar barreras para acceder a diagnóstico temprano y tratamiento continuo.

Las respuestas existentes son conocidas y efectivas si se aplican con voluntad: fortalecer la atención primaria para detección temprana, garantizar el abasto y acceso a medicamentos esenciales, promover programas locales de actividad física y alimentación saludable, y campañas comunitarias de educación. También es imprescindible abordar determinantes sociales como la pobreza, la vivienda adecuada y el apoyo comunitario para el cuidado de quienes viven con enfermedades crónicas.

INEGI ofrece una radiografía, pero la solución no es solo técnica: implica políticas públicas con enfoque preventivo y participación ciudadana. Un ejemplo concreto sería ampliar los módulos de atención comunitaria donde, además de medir presión y glucemia, se brinde orientación nutricional gratuita y seguimiento básico. Pequeñas acciones colectivas, como mercados con alimentos frescos y espacios públicos para caminar, también suman.

Desde la sociedad civil hay oportunidades de acción: exigir mejores servicios locales, organizar grupos de apoyo para personas con enfermedades crónicas y participar en comités de salud comunitaria. Las familias pueden priorizar chequeos regulares a partir de los 50 años y adoptar cambios de hábitos que reduzcan riesgos.

Los datos de ENASEM 2024, compartidos por INEGI, deben leerse como una llamada a la acción: no basta con conocer el problema, hay que actuar con políticas públicas integrales y programas de base que acompañen a las personas en su día a día. Si la hipertensión y la diabetes son hoy una olla a presión social, la prevención y la atención primaria son la válvula que puede aliviarla.

Reporta desde la Ciudad de México.

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