La semana pasada todavía se aseguraba públicamente que el histórico estadio de béisbol conservaría el nombre de Eduardo Vasconcelos, en reconocimiento a su trayectoria y aportación al deporte oaxaqueño. Sin embargo, la realidad terminó siendo otra.
Mientras avanzaba la remodelación del inmueble, comenzó a posicionarse oficialmente el nombre de “Estadio YU’VA”, incluso en redes sociales y espacios de promoción del propio complejo deportivo. Así quedó demostrado en las cuentas oficiales donde se presentó el proyecto como “Estadio YU’VA – Casa de los Guerreros”, dejando de lado por completo el nombre que durante décadas identificó al recinto y a su historia.
Al final, poco importó la promesa hecha apenas hace unos días de respetar la identidad del estadio. El gobierno decidió unilateralmente imponer una nueva denominación, ignorando el legado histórico y sentimental que representa Don Eduardo Vasconcelos para Oaxaca y para generaciones de aficionados al béisbol.
Pero esta decisión no recae únicamente en las autoridades. También hubo complicidad de quienes patrocinaron y respaldaron la obra, aceptando borrar de la conversación pública el nombre de quien fue pieza fundamental para el desarrollo del béisbol en el estado.
Porque no se trata solamente de cambiar un letrero o una marca comercial. Se trata de desplazar la memoria deportiva de Oaxaca y reemplazarla por una narrativa construida desde intereses políticos y de imagen.
El estadio podrá tener una fachada nueva y un nombre distinto, pero para miles de aficionados seguirá siendo el Eduardo Vasconcelos, un símbolo de historia, identidad y tradición que ni las decisiones unilaterales ni las campañas de promoción podrán borrar.
