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Casi la totalidad de niños en México vive bajo dos amenazas climáticas
Por un joven periodista desde Ciudad de México.
En México, 90.5 por ciento de niños y adolescentes enfrenta al menos dos riesgos climáticos al mismo tiempo, una carga que no es abstracta sino cotidiana, dijo Cecilia Berlanga, oficial de política social del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia México. Entre las combinaciones más frecuentes están las sequías y las olas de calor, que ponen en riesgo a 39.5 por ciento de esa población, según datos de UNICEF México.
Imagina una escuela sin agua suficiente para beber y con el termómetro en aumento: los maestros suspenden las clases por salud, las familias reducen las raciones y los más pequeños sufren deshidratación o empeoran cuadros de desnutrición. Ese es el impacto real de vivir bajo «doble amenaza» climática. Las sequías minan los ingresos y la disponibilidad de alimentos; las olas de calor elevan la incidencia de golpes de calor y problemas respiratorios. Cuando además hay inundaciones o tormentas, el ciclo se repite con enfermedades y pérdida de viviendas.
UNICEF México advierte que estos riesgos no afectan por igual: las comunidades rurales, indígenas y las zonas costeras o periféricas concentran mayor vulnerabilidad por menor acceso a servicios básicos y redes de protección social. La agencia enfatiza la necesidad de políticas públicas que antepongan la infancia: sistemas de alerta temprana, agua segura en escuelas, refuerzo de programas alimentarios y atención primaria en salud adaptada al clima.
A nivel local, la adaptación puede ser tan simple como garantizar puntos de agua y sombra en escuelas, revisar calendarios escolares en olas de calor y fortalecer redes comunitarias para distribución de apoyos durante sequías. A nivel estatal y nacional se requieren inversiones en infraestructura verde, educación climática y protección social que reduzca la exposición de las familias más pobres.
La cifra de 90.5 por ciento es un llamado: no se trata solo de estadísticas, sino de decisiones políticas que afectan el crecimiento, la salud y el futuro de una generación. Como señala Cecilia Berlanga, es urgente combinar datos con acción para que los niños vivan menos en riesgo y más en condiciones para aprender y desarrollarse.
La respuesta requiere voluntad institucional, recursos y participación ciudadana. Los padres, docentes y autoridades municipales tienen herramientas concretas para reducir el golpe inmediato; el gobierno federal y los estados deben articular estrategias de largo plazo. Proteger a la infancia del clima es, en los hechos, invertir en justicia social y en el futuro de México.
Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por La Jornada
