El maíz vuelve a ser protagonista en los pinos: feria recupera semillas, sabores y saberes
Por un joven reportero en la Ciudad de México
La Secretaría de Cultura del Gobierno de México instaló en el Complejo Cultural Los Pinos una jornada dedicada al maíz que, más que una exposición, funcionó como una reunión comunitaria: talleres de nixtamalización, conversatorios sobre variedades criollas, expoventa de semillas y encuentros con especialistas y productores. Según la Secretaría de Cultura, la Feria del Maíz buscó poner en el centro la historia y el valor cultural de un cultivo que define la dieta y la identidad del país.
En el patio principal se mezclaron olores y voces. Artesanas explicaban técnicas de molienda; jóvenes estudiantes preguntaban sobre adaptación al cambio climático; campesinos de distintas regiones ofrecían semillas que llevan generaciones en sus familias. La feria no fue solo gastronomía —aunque hubo tortillas, tamales y pozoles— sino un espacio de intercambio para evitar la pérdida de semillas nativas y de los conocimientos que las acompañan.
Ese flujo de prácticas tiene consecuencias concretas: conservar semillas significa proteger variedades resistentes, mantener sabores locales y sostener la autonomía alimentaria de comunidades que enfrentan la presión de sistemas agroindustriales. Desde la Secretaría de Cultura, explicaron que la feria forma parte de una estrategia más amplia para vincular políticas culturales con la seguridad alimentaria y las memorias comunitarias.
No todo son avances. Productores y activistas señalaron retos persistentes: falta de apoyos sistemáticos para pequeñas parcelas, riesgo de contaminación genética por transgénicos y la necesidad de políticas públicas que reconozcan a las custodias del maíz como sujetos clave. La recuperación de recetas y semillas es un proceso que exige recursos, investigación y respeto por los saberes locales.
La feria demostró que la recuperación del maíz no es nostálgica, sino práctica. Cuando una tortilla hecha con maíz criollo llega a la mesa, también llegan prácticas de cultivo, estrategias de conservación y redes de solidaridad. Si la política pública acompaña con inversión, capacitación y mercados justos, esos gestos cotidianos pueden convertirse en herramientas de resiliencia.
Para quienes no pudieron asistir, la Secretaría de Cultura anunció que continuará promoviendo actividades similares en otras sedes y que busca articular a comunidades, centros de investigación y mercados locales. El mensaje es claro: preservar el maíz es defender identidad, salud y autonomía; es una tarea colectiva que exige tanto la voluntad institucional como la participación ciudadana.
¿Qué sigue? Seguir alimentando espacios donde se comparta conocimiento, comprar directamente a productores locales y exigir políticas públicas que protejan las semillas y a quienes las cuidan. La feria en Los Pinos fue una llamada a mantener vivas las milpas y las mesas mexicanas.
