Mujeres al frente y a la sombra: cómo la pandemia amplificó la deuda de cuidados
Un informe reciente y las crónicas locales dejan claro que la carga de la crisis sanitaria no fue neutra: las mujeres enfermaron más, ganaron menos y asumieron la mayor parte del cuidado, lo que limitó su acceso a la salud y al empleo.
La pandemia actuó como una lupa sobre desigualdades que ya existían: según reportes consultados por El Imparial de Oaxaca y datos de organismos como ONU Mujeres y la Organización Internacional del Trabajo, las mujeres enfrentaron mayor desgaste físico y emocional, pérdida de ingresos y una jornada doméstica que creció hasta volver en muchos casos imposible buscar atención médica o empleo formal.
En el terreno de la salud, la doble carga fue evidente. Muchas mujeres retrasaron o abandonaron controles preventivos y tratamientos por dedicar tiempo al cuidado de enfermos en casa o por no poder costear transporte y consultas. Al mismo tiempo, la caída de la actividad económica afectó con más fuerza a sectores donde ellas concentran empleo informal o de menor protección social.
El factor del cuidado fue clave. Lo que se traduce en horas no remuneradas —alimentar, limpiar, cuidar a niños y personas mayores— limitó la disponibilidad para recuperar ingresos. En comunidades oaxaqueñas, como han documentado reportajes locales, las mujeres describen jornadas que se multiplicaron y la sensación de no tener tiempo para sí mismas ni para buscar atención médica cuando la necesitaron.
Los costos son tanto personales como colectivos: peor salud para las mujeres, menor capacidad de ingresos en los hogares y una presión sobre los servicios públicos que exige respuestas integrales. Por eso, expertos citados por El Imparial de Oaxaca promueven políticas que reconozcan y redistribuyan el trabajo de cuidados.
Las medidas urgentes pasan por inversiones en servicios públicos de cuidado, políticas de licencia remunerada reales, ampliación de la protección social y campañas para facilitar el acceso a la salud de manera prioritaria para quienes asumen el cuidado. Estas acciones no son gasto social: son inversión en resiliencia y equidad.
Reconocer la desigualdad no es solo describirla; es empezar a corregirla. Para que la próxima crisis no vuelva a recaer donde siempre lo hace, hacen falta decisiones públicas que alivien la carga del hogar, fortalezcan el sistema de salud y garanticen ingresos dignos para las trabajadoras.
El Imparial de Oaxaca y organismos internacionales coinciden en una idea simple: la recuperación será más justa si integra la mirada de género desde el diseño de las políticas y no como un añadido secundario.
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