Madres en la balanza: doble jornada que empobrece y amplía la desigualdad

Por un joven periodista

La maternidad en México no solo trae alegría; para muchas mujeres significa una doble jornada que empuja hacia la precariedad. Las madres trabajan dentro y fuera del hogar, reciben menos por su esfuerzo y cargan con más cuidados, una combinación que, según cifras oficiales, profundiza brechas económicas y sociales.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, INEGI, las mujeres destinan en promedio varias veces más horas al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que los hombres. Esa dedicación extra reduce su tiempo para empleos formales y para capacitarse, lo que se traduce en salarios más bajos y menos oportunidades de ascenso.

La pérdida económica es real y acumulativa. Organismos como la Organización Internacional del Trabajo, OIT, y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE, señalan que existe una brecha salarial de género que se agrava cuando las mujeres son madres. Además, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, CONEVAL, muestra que los hogares encabezados por mujeres, sobre todo madres solas, presentan una mayor incidencia de pobreza.

Testimonios como el de María, madre de dos hijos en Oaxaca, resumen la experiencia cotidiana: sale a vender por las mañanas, vuelve para atender la casa y por la tarde sigue buscando ingresos informales. «No tengo guardería, si dejo a los niños no trabajo», dice. Su caso es paralelo al de muchas mujeres que dependen del empleo informal, sin prestaciones ni estabilidad.

Las políticas públicas siguen siendo insuficientes. Hay avances en el discurso, pero en la práctica faltan guarderías accesibles, permisos parentales igualitarios y medidas para formalizar empleos femeninos. Instituciones como la Secretaría del Trabajo y el Instituto Mexicano del Seguro Social, IMSS, tienen herramientas para incidir, pero esas acciones deben ir acompañadas de presupuesto y coordinación local.

¿Qué podría cambiar la balanza? Primero, inversión en cuidados: ampliar y mejorar las estancias infantiles de calidad y con horarios acordes a la jornada laboral. Segundo, incentivos para que las empresas formalicen plazas y ofrezcan horarios flexibles, esto puede reducir la salida prematura de las madres del mercado laboral. Tercero, políticas fiscales y transferencias focalizadas que alivien la carga económica de los hogares encabezados por mujeres, una recomendación recurrente en los análisis de CONEVAL y organismos internacionales.

Reconocer el problema no es resignarse. Hay municipios y organizaciones civiles que ya impulsan guarderías comunitarias y capacitación laboral para madres; esas experiencias deben escalarse con apoyo estatal. Como apunta la OIT, cerrar la brecha de cuidados no es solo un asunto de justicia, es una inversión en productividad y equidad.

Para que la maternidad deje de ser un freno económico se necesitan decisiones concretas y participación ciudadana: exigir servicios de cuidado públicos, votar por proyectos que prioricen la igualdad y apoyar iniciativas locales. Si la sociedad y las instituciones no equilibran la balanza, la doble jornada seguirá empobreciendo a miles de familias mexicanas.

Fuentes consultadas: INEGI, CONEVAL, OIT y OCDE.

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