Prensa oaxaqueña en riesgo: libertad de expresión sin respaldo material

Periodismo a la intemperie — La conversación pública en Oaxaca ha alcanzado un punto de madurez discursiva que contrasta con la fragilidad material de quienes la sostienen. En plazas digitales, conferencias oficiales y medios locales se invoca con frecuencia la libertad de expresión como una conquista consolidada, casi indiscutible. Sin embargo, esa conquista choca con una realidad cotidiana: periodistas que no tienen red de seguridad cuando el oficio los expone a riesgos.

En Oaxaca, como en muchas otras entidades del país, la precariedad laboral golpea al periodismo. No es solo una cuestión de salarios bajos. Es la ausencia de contratos formales, la falta de acceso a servicios de salud y pensiones, el trabajo freelance sin garantías y la dependencia de la publicidad oficial que condiciona contenidos. Estas condiciones, además de hacer más duro el trabajo cotidiano, aumentan la vulnerabilidad frente a amenazas y violencia.

Según reportes de Artículo 19 México, las agresiones contra comunicadores se combinan con un entorno laboral que no protege a quienes informan. Organizaciones como Reporteros Sin Fronteras y el Comité para la Protección de Periodistas han documentado el vínculo entre precariedad y autocensura: cuando falta respaldo económico y legal, las decisiones editoriales terminan tomando en cuenta la seguridad personal por encima del interés público.

Una periodista oaxaqueña que pidió mantener su nombre en reserva cuenta que pasó de tener un empleo fijo en un medio local a trabajar por nota y por encargo. «Antes había prestaciones, ahora todo es por transferencia y a destajo», dice. Su caso no es aislado. En el terreno, las cifras del empleo informal del INEGI reflejan que muchos trabajadores de la cultura y la comunicación operan fuera del marco laboral protegido, lo que reduce su capacidad para resistir presiones políticas y económicas.

El Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas existe como herramienta federal para proteger a quienes enfrentan riesgo. No obstante, la implementación local muestra rezagos. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos ha emitido recomendaciones sobre casos en los que medidas preventivas no alcanzaron a profesionales en zonas rurales o con precariedad económica. En Oaxaca, la dispersión geográfica y la presencia de grupos armados y redes de corrupción complican la efectividad de cualquier esquema de protección.

Además de la amenaza directa, la publicidad oficial funciona como una palanca que puede asfixiar a medios independientes. Cuando los recursos estatales se concentran en medios afines, se reduce la pluralidad informativa y se obliga a muchos periodistas a elegir entre ingresos y autonomía. Artículo 19 ha señalado esta dinámica como un riesgo para la democracia local.

¿Qué se puede hacer a corto y mediano plazo? Primero, reconocer que garantizar la libertad de expresión no es solo asegurar el derecho a publicar, sino también proteger las condiciones materiales del oficio. El Estado tiene la responsabilidad de ampliar y mejorar esquemas de seguridad social y fondos de contingencia para comunicadores en situación de riesgo. Segundo, fortalecer la transparencia y criterios de asignación de la publicidad oficial para evitar clientelismo. Tercero, ampliar la presencia y eficacia del Mecanismo de Protección con criterios territoriales que incluyan cobertura para periodistas independientes y de medios comunitarios.

También hay soluciones desde la sociedad civil y las redacciones mismas. Las cooperativas de medios, alianzas entre periodistas y la formación continua en seguridad digital y física son medidas que reducen vulnerabilidades. Organizaciones como Reporteros Sin Fronteras y Artículo 19 ofrecen capacitaciones y documentación que pueden servir de apoyo mientras se exigen cambios estructurales.

La prensa en Oaxaca sostiene una conversación pública más rica y diversa. Pero esa conversación no podrá consolidarse si quienes la alimentan quedan expuestos a la intemperie. Exigir protección laboral, transparencia en la publicidad pública y mecanismos efectivos de prevención y respuesta es demandar que la libertad de expresión tenga una base material. Como señaló una fuente consultada en la ciudad de Oaxaca, «hablar sin respaldo es libertad simulada». Es hora de construir la red que permita a la prensa —y con ella a la ciudadanía— mantenerse en pie.

Fuentes consultadas: Artículo 19 México, Reporteros Sin Fronteras, Comité para la Protección de Periodistas y datos generales del INEGI y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

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