Jóvenes mexicanos extienden su estancia en casa y retrasan la formación de familia, señala INEGI

Por un periodista joven

La Encuesta Demográfica Retrospectiva (EDER) 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) traza las trayectorias de vida de 81.1 millones de personas entre 18 y 64 años y confirma cambios que ya se ven en las calles y en las casas: muchos jóvenes permanecen más tiempo en el hogar de origen, migran menos y posponen el formar una familia.

Esos tres movimientos están conectados. Quedarse más tiempo en casa suele acompañarse de más años de estudio y de entradas laborales más tardías; la menor movilidad geográfica reduce las oportunidades de empleo fuera del lugar de residencia; y la inestabilidad económica, junto con la búsqueda de desarrollo profesional, empuja a retrasar el matrimonio y la maternidad o paternidad.

Estos patrones afectan la vida cotidiana. Las familias reparten gastos y cuidados por más tiempo, lo que alivia a algunos pero también tensiona finanzas y relaciones. Para las políticas públicas significa repensar vivienda, empleo juvenil y servicios de cuidado: la demanda crece por pisos compartidos, apoyos para la inserción laboral y programas que permitan compatibilizar estudio, trabajo y cuidado.

El INEGI muestra además vínculos con la escolaridad: a mayor preparación académica, más probabilidad de vivir más años en casa y de retrasar la formación de una familia. Al mismo tiempo, la reducción de migración —tanto interna como internacional— modifica flujos laborales y la planificación urbana en regiones que ya no reciben o pierden menos jóvenes.

No todo es negativo. Postergar la maternidad y priorizar la educación puede mejorar oportunidades de largo plazo y contribuir a mayor igualdad de género si va acompañado de políticas públicas: becas, acceso a vivienda asequible, guarderías públicas y formación para el empleo. Pero sin esos apoyos, el retraso puede convertirse en precariedad prolongada.

Ante estos resultados, el desafío es claro: diseñar respuestas que acompañen a quienes extienden su estancia en familia sin sacrificar su autonomía. Eso implica invertir en vivienda accesible, fortalecer la transición escuela-trabajo, ampliar servicios de cuidado y promover salarios dignos que permitan a las nuevas generaciones construir proyectos propios.

La EDER 2025, elaborada por el INEGI, ofrece el mapa para tomar decisiones informadas. Queda en manos de autoridades y sociedad convertir esos datos en medidas que apoyen el bienestar de los jóvenes y de las familias que los sostienen.

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