Extorsión, principal delito cibernético en Oaxaca

La Policía Cibernética de Oaxaca atendió 112 casos derivados de reportes ciudadanos en los últimos meses; de ellos, 45 se tradujeron en denuncias formales y la dependencia solicitó 10 colaboraciones a la Fiscalía General del Estado de Oaxaca para investigar redes y presuntos responsables, informó la propia Policía Cibernética.

Detrás de esos números hay historias cotidianas: llamadas que suenan convincentes, mensajes en WhatsApp que simulan ser de familiares, o cuentas falsas que piden dinero a cambio de silencio. En la práctica, la extorsión digital funciona como una sombra que aprovecha la desinformación y la urgencia para pedir transferencias o códigos bancarios.

La explicación es sencilla y a la vez preocupante. El mayor uso de teléfonos inteligentes y aplicaciones de mensajería no ha ido acompañado del mismo ritmo en educación digital. Muchas personas no diferencian entre una alerta real y un engaño bien armado. Además, la falta de confianza en los procesos públicos lleva a que algunas víctimas opten por pagar en lugar de denunciar.

Ante este escenario, la Policía Cibernética y la Fiscalía coinciden en dos necesidades: reforzar la coordinación institucional para seguir el rastro del dinero y ampliar campañas de prevención para que la ciudadanía reconozca señales de extorsión. Esas instituciones también subrayan la importancia de conservar evidencia —capturas de pantalla, registros de llamadas y mensajes— para que las investigaciones avancen.

Qué puede hacer una persona hoy: conservar pruebas, no transferir dinero bajo presión, bloquear contactos y acudir a reportar el caso ante la Policía Cibernética o la Fiscalía. Estas medidas no garantizan el fin inmediato del problema, pero aumentan las posibilidades de detener a las redes que operan desde la impunidad.

La respuesta pública debe combinar investigación y prevención. Invertir en educación digital en escuelas, centros comunitarios y campañas locales es tan necesario como mejorar la capacidad investigadora del Estado. No se trata solo de perseguir a quienes cometen delitos, sino de dar herramientas a la gente para que no caiga en la trampa.

La Policía Cibernética de Oaxaca registra el fenómeno; la Fiscalía participa cuando la evidencia lo requiere. El reto ahora es que ambas iniciativas lleguen a los barrios, a los mercados y a las familias, porque en la era digital la seguridad también se construye desde la comunidad.

Fuente: Policía Cibernética de Oaxaca y Fiscalía General del Estado de Oaxaca.

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