Turismo en jaque: cuando el paraíso vende humo
Por Raúl Nathán Pérez
Oaxaca tiene motivos para presumir: capital declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO desde 1987, decenas de zonas arqueológicas como Monte Albán y Mitla, costas que atraen a viajeros de todo el país y una cocina que figura entre las más apreciadas. Sin embargo, ese paisaje de postal convive con hoteles vacíos, playas contaminadas y eventos cuyo brillo no alcanza para sostener una industria que debería ser motor económico.
Según un reportaje de El Imparcial de Oaxaca y declaraciones del presidente de la Asociación de Hoteles y Moteles de Oaxaca (AHyMO), José Luis Bustamante del Valle, la ocupación hotelera en la capital cayó a cerca del 38% el 15 de julio de 2026, frente a promedios de 75-80% en administraciones previas. La Cámara Nacional de la Industria Restaurantera (CANIRAC) también reporta una menor derrama; la estancia promedio del turista no rebasa los dos días.
En paralelo, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) declaró la bahía principal de Puerto Escondido no apta para uso recreativo por altos niveles bacteriológicos, un problema recurrente que obliga a cuestionar la gestión ambiental en destinos de playa. Estos datos, junto con la ausencia de un plan integral de desarrollo turístico que reconozca las voces locales, ponen en jaque la promesa de un turismo inclusivo y sustentable.
La Guelaguetza, símbolo cultural con llegada internacional, ilustra la contradicción: su prestigio atrae visitantes, pero su mercantilización y costos millonarios —con partidas que, según fuentes locales, suman decenas de millones en arreglos y contratación de artistas— han generado críticas por despilfarro y pérdida de autenticidad. El resultado es una marca gastada que, si no se renueva con políticas serias, corre el riesgo de convertirse en mera mercancía folklórica.
La responsabilidad pública no es menor. Fuentes de SECTUR muestran cifras optimistas que la realidad local no confirma; la percepción de residentes y prestadores de servicios es de abandono y ocurrencias, no de estrategias. El gobernador Salomón Jara ha señalado la intención de hacer del turismo un eje de desarrollo, pero a cuatro años persisten vacíos en proyectos a mediano y largo plazo.
Para revertir la tendencia se requieren decisiones concretas: saneamiento de playas y vigilancia ambiental continuada; inversión en infraestructura y capacitación de cadenas productivas locales; promoción fuera de temporadas puntuales y apoyo real a pueblos y microempresas turísticas. Todo ello con transparencia en el gasto de eventos y con la participación de comunidades originarias, cuyos conocimientos y prácticas son el corazón del atractivo oaxaqueño.
La invitación es clara: el turismo puede ser fuente de bienestar si deja de ser un espejismo. Ciudadanos, prestadores y autoridades deben coincidir en un diagnóstico honesto y en un plan compartido que priorice salud pública, empleo digno y justicia cultural. Sin eso, el paraíso seguirá vendiendo humo y la economía local seguirá pagando la factura.
Fuentes: El Imparcial de Oaxaca, COFEPRIS, AHyMO, CANIRAC, UNESCO, declaraciones públicas del gobierno estatal.
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