Qué hacer si hay un derrumbe: las claves del Topo Mayor

Héctor Méndez, conocido como el Topo Mayor, reúne décadas de experiencia en rescates tras terremotos y derrumbes. En charla con El Imparcial de Oaxaca comparte pasos concretos y recomendaciones que pueden marcar la diferencia.

Un derrumbe tras un sismo es una emergencia donde cada segundo cuenta. Méndez parte de una idea sencilla: la preparación y la calma aumentan mucho las probabilidades de salir con vida. No se trata de fórmulas mágicas, sino de acciones concretas que cualquiera puede practicar.

Primero, antes del temblor. Revisa tu casa: ubica rutas de salida claras y libres de muebles pesados que puedan caer. Señala un punto seguro fuera del edificio donde encontrarte con tu familia. Guarda en una mochila pequeña agua, una linterna con pilas extra, un silbato y una manta; Méndez insiste en que esos objetos simples son vitales en las primeras horas.

Durante el sismo, la regla es proteger la cabeza y el cuello con los brazos y buscar un lugar resistente: una mesa robusta, el marco de una puerta amplia o una pared interior sin ventanas. Evita esquinas exteriores y muebles que puedan desplomarse. Si estás en la calle, aléjate de fachadas, postes y cristales.

Si ocurre un derrumbe y quedas atrapado, mantén la calma. No grites permanentemente, usa el silbato o golpea con un objeto contra una tubería o pared para que los rescatistas localicen tu posición; Méndez recuerda que los sonidos rítmicos son más fáciles de detectar. Respira con calma, conserva energías y crea un pequeño espacio para la respiración si es posible, protegiendo la boca con tela para evitar polvo.

Si logras moverte, evalúa cada paso. Avanza despacio, tocando antes el lugar donde pondrás las manos o los pies. Evita encender fuego por el riesgo de fugas de gas. Si puedes salir, hazlo por rutas seguras y dirigirte al punto de reunión comunitario: la coordinación vecinal salva vidas.

En la fase de rescate, confía en los equipos especializados. Méndez recuerda la importancia de no intentar derribar escombros pesados sin ayuda: es más seguro crear comunicación y esperar apoyo profesional, a menos que la vida de alguien dependa de una acción inmediata y se cuente con la capacidad para hacerlo.

La lección final que transmite el Topo Mayor tiene dos caras: la individual y la colectiva. En lo individual, practicar simulacros y preparar una mochila de emergencia reduce la angustia y mejora la respuesta. En lo colectivo, exige políticas públicas que refuercen la vivienda, inspecciones periódicas y programas de capacitación comunitaria. Como dice Méndez, la prevención y la organización comunitaria multiplican las posibilidades de sobrevivir.

La experiencia del Topo Mayor, relatada a El Imparcial de Oaxaca, nos recuerda que la preparación es una responsabilidad compartida: entre familias, vecindarios y autoridades. Aprender y enseñar estas prácticas es un acto de solidaridad que puede salvar vidas.

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