Nueve años después, la limpieza del Atoyac y el Salado sigue en espera
El desafío de «transformar la sentencia en agua limpia», dice Litigio Estratégico; comunidades exigen plazos claros y participación
Hace nueve años una resolución judicial marcó la obligación de restaurar las cuencas del Atoyac y del Salado. Hoy, según reportes de El Imparcial de Oaxaca y el colectivo Litigio Estratégico, ese fallo sigue sin traducirse en agua segura para las comunidades que viven a la vera de los ríos.
Para quienes dependen de esos cauces, la responsabilidad no es un dato técnico, es salud, trabajo y vida cotidiana. Vecinas y vecinos consultados por El Imparcial de Oaxaca relatan enfermedades recurrentes, pérdidas en parcelas y un aire de resignación frente a promesas incumplidas. Litigio Estratégico sintetiza la preocupación en una frase que ya circula entre organizaciones: «transformar la sentencia en agua limpia».
Las organizaciones sociales señalan que los avances administrativos han sido parciales: planes sin cronogramas concretos, inversión pública insuficiente y falta de mecanismos reales de supervisión ciudadana. Autoridades federales y estatales han informado sobre acciones puntuales, pero para las comunidades y colectivos no bastan anuncios ni estudios: hace falta obra, mantenimiento y monitoreo independiente.
La demora tiene costos visibles. El deterioro ambiental afecta la producción de alimentos, aumenta el riesgo para la salud pública y erosiona la confianza en las instituciones. Convocar a la ciudadanía a participar en la vigilancia de los proyectos y exigir cronogramas verificables es, para varios actores locales, una prioridad para que la sentencia deje de ser papel y se convierta en agua potable.
Desde este espacio seguiremos dando seguimiento a las gestiones, las cifras y las voces de la cuenca. Lo que reclaman organizaciones como Litigio Estratégico y los habitantes ribereños es sencillo y urgente: que las autoridades presenten un plan público con fechas, presupuesto y mecanismos de rendición de cuentas para que en menos tiempo del que ya se ha perdido, el Atoyac y el Salado vuelvan a ser fuentes de vida.
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