Infantino bajo presión: uefa y concacaf frenan intento de mercantilizar el mundial
Las federaciones piden más transparencia y diálogo antes de entregar el torneo más importante del fútbol a intereses privados.
La propuesta impulsada por Gianni Infantino para transformar la gestión económica del Mundial encendió las alarmas entre federaciones y clubes. Según El Imparcial de Oaxaca, Concacaf —junto con sus 41 Asociaciones Miembro— expresó su “profunda preocupación” por la prisa y la falta de consulta institucional en torno a la iniciativa, y la uefa reaccionó con reservas similares.
En los términos que han trascendido, la idea consiste en crear una estructura comercial que concentre y gestione los derechos del Mundial con la posibilidad de atraer capital privado. Para la cúpula de la FIFA esto significaría mayores ingresos, pero para muchas federaciones regionales supone dejar en manos de inversores decisiones clave sobre calendarios, precios y distribución de recursos.
La preocupación no es solo económica. Federaciones pequeñas temen perder voz y recursos destinados a desarrollo juvenil y programas comunitarios. Concacaf y sus miembros subrayaron que cualquier cambio de esta magnitud requiere discusión amplia, plazos claros y salvaguardas para la solidaridad deportiva: que lo que se obtenga no vaya a engrosar balances cerrados sino a sostener el fútbol base en países con menos recursos.
La uefa, por su parte, ha sido cautelosa. Aunque reconoce la necesidad de modernizar la gestión de eventos, advierte sobre riesgos reputacionales y de acceso: ¿quién garantiza que la llegada de capital privado no suba aún más el precio de los boletos y los derechos de transmisión, dejando fuera a aficionados y comunidades locales?
Desde el punto de vista institucional, el choque pone en evidencia un problema recurrente en el deporte global: la tensión entre financiar élites competitivas y mantener el carácter público y comunitario de los torneos. No es solo una discusión contable; tiene consecuencias prácticas para familias que siguen a sus selecciones, clubes que dependen de subsidios y jóvenes en academias que esperan oportunidades.
Las voces críticas han pedido que cualquier cambio se tramite con comités independientes, auditorías públicas y la participación efectiva de las asociaciones nacionales. También reclaman claridad sobre cómo se repartirían ingresos y si habría cláusulas que protejan la inversión en formación, infraestructura y programas sociales.
Para la afición mexicana y de la región, el episodio debe leerse como una invitación a vigilar. Las decisiones sobre el Mundial afectan desde el precio de un boleto hasta la existencia de programas de desarrollo en barrios y escuelas. Conviene exigir a la FIFA —y a la figura de Infantino— que los procesos sean transparentes y que el beneficio no se concentre solo en un puñado de actores.
El debate continúa en pasillos de federaciones y en comunicados públicos. Si la iniciativa sigue adelante, será clave observar las modificaciones finales, las garantías para federaciones pequeñas y la forma en que se preserva el carácter público del torneo. Mientras tanto, la resistencia de la uefa y Concacaf demuestra que, aunque la lógica del mercado presione, hay frenos institucionales que buscan proteger el interés colectivo.
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