Proponen voces oaxaqueñas asegurar representación efectiva de pueblos originarios en Reforma Electoral
El consejero jurídico del Gobierno de Oaxaca, Geovany Vásquez destacó el valor de escuchar todas las opiniones para transformar el sistema Oaxaca de Juárez, Oax. 12 de noviembre de 2025.- Representantes de diversos sectores de la sociedad oaxaqueña, incluyendo a líderes y voceros de pueblos originarios, han alzado la voz para asegurar que la inminente Reforma Electoral en el estado no solo sea un cambio en las reglas del juego político, sino una oportunidad real para que las comunidades indígenas tengan una voz y un voto que realmente cuenten. La propuesta central gira en torno a la creación de mecanismos que garanticen una representación efectiva, superando la mera inclusión simbólica.
En un país y un estado como Oaxaca, donde la diversidad cultural es uno de sus mayores tesoros, es fundamental que la política refleje esa riqueza. Durante años, muchos han sentido que las decisiones importantes se toman «desde arriba», sin consultar o comprender las necesidades y realidades de las comunidades que habitan nuestros territorios ancestrales. Esta iniciativa busca justamente saldar esa deuda histórica, haciendo que la política sea un reflejo más fiel de quienes somos.
La idea no es nueva, pero la insistencia y la solidez con la que se está planteando ahora parece tener un impulso diferente. Se trata de ir más allá de los cupos o las cuotas, que a veces pueden terminar siendo letra muerta o una forma de cumplir formalmente sin abordar el fondo del asunto. Lo que se busca es un sistema que permita que las propuestas y perspectivas de los pueblos originarios sean parte integral del debate y la toma de decisiones, desde la elaboración de las leyes hasta la fiscalización de su cumplimiento.
Geovany Vásquez, consejero jurídico del Gobierno de Oaxaca, subrayó durante una reciente mesa de trabajo la importancia de este diálogo. «Escuchar todas las opiniones, especialmente las de aquellos que históricamente han estado en desventaja o han sido silenciados, es la base para transformar nuestro sistema político de una manera que beneficie a todos», afirmó. Esta frase, que podría sonar a discurso oficial, cobra relevancia cuando se traduce en acciones concretas para abrir espacios de participación genuina.
¿Pero cómo se traduce esto en la práctica? Las propuestas apuntan a varios frentes. Por un lado, se plantea la necesidad de que los procesos de consulta previa, libre e informada sean vinculantes y se realicen de manera culturalmente adecuada, respetando los tiempos y las formas de cada comunidad. No se trata de informarles sobre una decisión ya tomada, sino de incorporarlos desde el inicio del proceso de formulación de políticas públicas.
Otra vertiente importante es la del financiamiento y apoyo a las candidaturas provenientes de pueblos originarios. A menudo, quienes desean participar en la política desde estas comunidades enfrentan barreras económicas y logísticas significativas. Facilitar el acceso a recursos, capacitación y estructuras de campaña podría nivelar el campo de juego y permitir que talentos emergentes puedan competir en igualdad de condiciones.
Además, se habla de la necesidad de que los órganos electorales y las instituciones gubernamentales cuenten con personal capacitado en temas de derechos indígenas, interculturalidad y lenguas originarias. Esto garantizaría una comunicación más fluida y un entendimiento más profundo de las necesidades y las particularidades de cada comunidad. Imaginemos un sistema electoral que hable en zapoteco, mixe o triqui cuando sea necesario, no solo como un gesto, sino como una herramienta para asegurar que nadie se quede fuera.
Es importante reconocer que este tipo de reformas no están exentas de desafíos. La implementación puede ser compleja, requiriendo una voluntad política sostenida y una vigilancia constante por parte de la sociedad civil y las propias comunidades. Existe el riesgo de que se intente diluir la fuerza de estas propuestas o que se vuelvan meras concesiones cosméticas.
Sin embargo, el optimismo radica en la articulación que se está gestando. No se trata de una sola organización o grupo, sino de un conjunto diverso de voces que comparten un objetivo común. La sociedad oaxaqueña está demostrando que está dispuesta a debatir y a exigir un sistema que sea verdaderamente representativo, un espejo de su pluralidad.
Esta Reforma Electoral, vista desde esta perspectiva, se convierte en una oportunidad para fortalecer nuestra democracia, para construir un Oaxaca más justo e incluyente, donde las voces de los pueblos originarios no solo sean escuchadas, sino que tengan el peso y la influencia que merecen en la construcción de su propio futuro. Es un llamado a la acción para que todos participemos en este importante proceso, asegurando que la transformación sea profunda y duradera.
