Oaxaca de Juárez, Oax.- Los bolsillos de las familias oaxaqueñas sentirán un nuevo golpe en 2025, pues se prevé un aumento del 28% en el precio de la carne de res. La información, que surge de declaraciones de tablajeros locales, señala que el costo por kilogramo ya ha experimentado un ascenso significativo, pasando de un promedio de 180 pesos a 250 pesos entre enero y noviembre de este año. Este incremento, de confirmarse, no solo afectará las mesas de los hogares, sino que también tiene implicaciones profundas en la economía local y en las cadenas de suministro que dependen de este alimento básico.

La preocupación de los consumidores es palpable. María Elena Rodríguez, ama de casa en la colonia Centro, comenta con resignación: “Cada vez es más difícil llenar la despensa. Antes compraba un kilo de carne para dos comidas, ahora apenas me alcanza para una. Si sube otro 28%, vamos a tener que buscar alternativas, como pollo o legumbres, aunque la verdad es que la carne de res le da otro sabor a la comida.” Este testimonio refleja la realidad que viven muchas familias que ven su poder adquisitivo mermado ante el alza de precios en productos esenciales.

Detrás de este repunte en el precio de la carne, se encuentran diversos factores que merecen ser analizados con detenimiento. La ganadería, como cualquier sector productivo, está sujeta a las fluctuaciones del mercado y a las condiciones climáticas. Las sequías prolongadas, la escasez de pastizales y el aumento en el costo de los insumos para la alimentación del ganado, como el maíz y la soya, son elementos clave que presionan al alza los precios. A esto se suman los costos de transporte, la logística y, en ocasiones, las políticas de importación y exportación que pueden influir en la oferta y la demanda interna.

Los tablajeros, quienes están en la primera línea de esta situación, explican que el aumento no es un capricho, sino una respuesta a los incrementos que ellos mismos enfrentan al adquirir el ganado. “Nosotros compramos el animal a un precio más alto de lo normal. Si no ajustamos nuestros precios, simplemente no podríamos seguir trabajando. El costo de la vida nos pega a todos, y a nosotros nos pega directo en la mercancía”, señala Juan Carlos Sánchez, propietario de una carnicería en el Mercado de Abasto. La cadena de valor de la carne es compleja y cualquier eslabón que sufre un aumento de costos, inevitablemente, lo traslada al consumidor final.

El impacto de este incremento va más allá del presupuesto familiar. Para los restaurantes y establecimientos de comida, la carne de res es un insumo fundamental. El alza en su costo se traduce, previsiblemente, en un aumento de los precios en los platillos que ofrecen, o en una reducción de las porciones para intentar mantener márgenes de ganancia. Esto podría afectar la afluencia de clientes y la rentabilidad de estos negocios, que son importantes generadores de empleo en la región.

Es crucial que las autoridades pertinentes analicen este fenómeno con seriedad y busquen estrategias para mitigar sus efectos. La seguridad alimentaria y la economía de las familias oaxaqueñas dependen de la accesibilidad a productos básicos. Se podrían explorar apoyos a pequeños ganaderos para mejorar sus prácticas y aumentar su productividad, así como incentivos para la diversificación de la producción de alimentos. La transparencia en la cadena de suministro y la vigilancia de posibles prácticas monopólicas también son aspectos a considerar para garantizar un mercado justo.

En estos tiempos de incertidumbre económica, la información clara y el diálogo abierto entre productores, comerciantes y consumidores son más importantes que nunca. Entender las causas detrás del aumento de precios nos permite reflexionar sobre nuestras propias decisiones de consumo y, al mismo tiempo, exigir a las instituciones medidas que busquen el bienestar general. El desafío es grande, pero con un enfoque constructivo y la participación ciudadana, Oaxaca puede afrontar esta situación y buscar caminos que protejan la economía de sus habitantes.