Por delitos sexuales, más del 90% de las víctimas son mujeres

*Las regiones de Valles Centrales, el Istmo y la Costa son las más peligrosas*

El cargo Por delitos sexuales, más del 90% de las víctimas son mujeres apareció primero en El Imparcial de Oaxaca.

**Oaxaca de Juárez, Oaxaca. _Septiembre 2023._** Una alarmante realidad se cierne sobre nuestro estado: los delitos sexuales siguen cebándose de forma abrumadora con las mujeres. Los datos, fríos pero contundentes, señalan que más del 90% de las personas que sufren estas agresiones son de género femenino. Esta cifra, que se repite año tras año, nos obliga a mirar de frente a un problema social profundo que, lamentablemente, parece no tener fin a la vista, aunque sí haya caminos para combatirlo.

La estadística no es un número más en un informe. Detrás de cada porcentaje hay una historia de dolor, miedo y vulnerabilidad. Mujeres de todas las edades, en todos los rincones de Oaxaca, viven bajo la amenaza constante de ser víctimas de una agresión que marca para siempre su vida. Es una sombra que limita su libertad, su desarrollo y su derecho a vivir sin violencia.

Si bien los delitos sexuales son un flagelo que afecta a toda la sociedad, la feminización de las víctimas es un patrón que no podemos obviar. Las razones son complejas y multifacéticas. Se anclan en estructuras sociales históricamente desiguales, en la persistencia de estereotipos de género que perpetúan roles de poder y sumisión, y en una cultura que, en ocasiones, minimiza o normaliza la violencia contra las mujeres.

**Ojos puestos en las regiones de mayor riesgo**

Si desgranamos el mapa de la violencia sexual en Oaxaca, encontramos focos de mayor preocupación. Las regiones de Valles Centrales, el Istmo y la Costa emergen como las zonas donde este tipo de delitos parecen tener mayor incidencia. No se trata de una simple coincidencia geográfica. En estas áreas, factores como la movilidad poblacional, la presencia de actividades económicas específicas y, en algunos casos, la dificultad de acceso a mecanismos de denuncia y protección, podrían estar exacerbando la vulnerabilidad.

Valles Centrales, por ser el corazón administrativo y poblacional del estado, concentra una alta actividad que, desgraciadamente, también incluye oportunidades para la delincuencia. En el Istmo, la complejidad socioeconómica y las dinámicas culturales específicas pueden generar entornos donde las mujeres enfrentan desafíos particulares. Por su parte, la Costa, con su vocación turística y sus extensas zonas rurales, presenta retos distintos en cuanto a seguridad y acceso a la justicia para las mujeres.

**¿Qué se está haciendo y qué falta?**

Frente a esta cruda realidad, las instituciones no pueden permanecer impasibles. Si bien se han dado pasos importantes en cuanto a la tipificación de delitos, la creación de fiscalías especializadas y campañas de concientización, la efectividad de estas medidas aún no se traduce en una disminución significativa de los casos. La brecha entre la ley y la realidad es aún muy grande.

Una de las barreras más importantes para combatir la violencia sexual es la denuncia. Muchas víctimas, por miedo a represalias, por vergüenza, por desconfianza en el sistema de justicia o por falta de información, optan por el silencio. Romper este ciclo requiere un esfuerzo coordinado y sostenido que abarque desde la educación en el hogar y las escuelas hasta la capacitación de los operadores de justicia para que sean más sensibles y eficientes ante estos casos.

Es fundamental fortalecer las redes de apoyo para las víctimas. Los refugios, los centros de atención psicológica y legal, y las organizaciones de la sociedad civil juegan un papel crucial. Sin embargo, su labor se ve constantemente limitada por la falta de recursos suficientes. Son el hombro en el que muchas mujeres encuentran consuelo y la mano que las ayuda a levantarse.

**El papel de la comunidad: un pilar insustituible**

La estadística nos muestra un panorama desolador, pero no nos debe llevar a la resignación. La lucha contra la violencia sexual es una tarea de todos. Como ciudadanos, tenemos la responsabilidad de educar en el respeto y la igualdad desde la infancia, de no ser cómplices del silencio y de alzar la voz cuando presenciamos o sabemos de una agresión.

La educación sexual integral en las escuelas, que aborde no solo los aspectos biológicos sino también los relacionales, el consentimiento y los derechos, es una herramienta poderosa para prevenir futuras violencias. Fomentar el pensamiento crítico y el diálogo abierto en nuestras familias y comunidades sobre las relaciones de poder y el respeto mutuo es, quizás, la siembra más importante que podemos hacer.

Si bien las cifras actuales son un llamado de atención urgente, la esperanza reside en la suma de voluntades. Las políticas públicas deben ir acompañadas de un cambio cultural profundo, donde la violencia contra las mujeres sea vista y tratada como lo que es: un crimen intolerable y una grave violación a los derechos humanos. Solo trabajando juntos, con rigor, compromiso y empatía, podremos aspirar a un Oaxaca donde cada mujer pueda caminar libre, segura y con la frente en alto.