Hicimos lo que pudimos con lo que tuvimos: personal eventual del ISSSTE

Ciudad de México. Tras la emergencia sanitaria, enfermeras y enfermeros contratados de manera eventual en el ISSSTE piden que se revise su situación laboral. “Hicimos lo que pudimos con lo que tuvimos”, resumió una trabajadora entrevistada, según Quadratín, y esa frase resume el reclamo: reconocimiento, estabilidad y condiciones dignas por el trabajo realizado en los momentos más duros.

Durante la crisis, personal con contratos temporales fue clave para sostener turnos, atender urgencias y cubrir ausencias. Sin embargo, al bajar la presión sobre los hospitales muchas de esas plazas no se regularizaron y quienes las ocuparon enfrentan ahora incertidumbre sobre su salario, prestaciones y antigüedad.

“Fuimos la primera línea con contratos a prueba”, relata, según Quadratín, una enfermera eventual. La metáfora es clara: se les pidió sostener el barco durante la tormenta, pero al amanecer muchos no encontraron amarres seguros. Para ellas y ellos, el reclamo no es sólo salarial; es el reconocimiento institucional de años de servicio en condiciones que, por su temporalidad, impiden planear una vida con certidumbre.

Organizaciones y representantes del personal eventual han pedido al ISSSTE y a las autoridades federales una revisión exhaustiva de los contratos celebrados durante la emergencia. Exigen que se evalúe la posibilidad de convertir plazas eventuales en plazas definitivas, que se respete la antigüedad acumulada y que se otorguen prestaciones atrasadas cuando corresponda.

Desde el punto de vista institucional, fuentes consultadas por Quadratín señalan que existen limitaciones presupuestales y marcos normativos que complican procesos masivos de regularización de personal. No obstante, especialistas en administración pública y derechos laborales coinciden en que hay alternativas: programas escalonados de estabilización, convocatorias transparentes para basificación y esquemas de reconocimiento económico por trabajo extraordinario realizado en la emergencia.

El impacto en la vida cotidiana de estas trabajadoras y trabajadores es palpable: cambios en horarios para compatibilizar dos o más empleos, falta de acceso a prestaciones médicas completas para la familia, y la imposibilidad de solicitar créditos o planificar vivienda por la inestabilidad del contrato. El ejemplo concreto ayuda a entender: una enfermera eventual que no puede acreditar continuidad de trabajo no accede a un crédito de nómina, aunque sujetó junto con su equipo a decenas de pacientes en un turno intensivo.

Para avanzar, quienes defienden al personal proponen pasos claros y medibles. Primero, la elaboración de un padrón público y verificable del personal eventual que trabajó durante la emergencia, para establecer números y responsabilidades. Segundo, la implementación de convocatorias públicas con criterios transparentes para la consolidación de plazas. Tercero, la creación de mecanismos de reparación por horas extras y riesgos laborales no reconocidos en su momento.

Desde la perspectiva social y política, este asunto también plantea preguntas sobre la gobernanza de los servicios de salud. Contratar por periodos cortos y sin rutas claras de estabilidad puede ser útil en situaciones de urgencia, pero deja costos sociales elevados si luego no existen caminos para la regularización. Aquí la decisión no es sólo administrativa; tiene rostro y nombre: es la trabajadora que no puede pagar una consulta privada, el enfermero que descuida su salud mental por jornadas excesivas y la familia que vive con incertidumbre.

El tono de los reclamos es a la vez realista y constructivo. No se trata de polarizar, sino de buscar soluciones que aseguren justicia laboral y fortalezcan al sistema de salud. En ese sentido, organizaciones civiles, sindicatos y autoridades pueden coincidir en políticas que aumenten la estabilidad laboral sin dejar al ISSSTE fuera de su responsabilidad financiera.

Mientras tanto, el personal eventual mantiene su petición pública, con testimonios que circulan y presión en espacios institucionales, según informó Quadratín. La petición es simple y contundente: que lo que hicieron en la emergencia no sea olvidado ni castigado con la precariedad.

Para que la solución sea justa y duradera habrá que combinar voluntad política, claridad presupuestal y transparencia. Es una oportunidad para transformar la lección de la emergencia en políticas que eviten que quienes sostienen la salud pública queden en el limbo cuando pasa la crisis.

Qué sigue. Las siguientes semanas serán clave: el ISSSTE puede abrir mesas de diálogo y presentar un cronograma de revisión, y el Congreso puede impulsar mecanismos que faciliten la basificación gradual. La ciudadanía también juega un papel: conocer el problema, exigir rutas claras y respaldar iniciativas que prioricen el bienestar de trabajadoras y trabajadores de la salud.

En el centro de esta historia está la gente que atendió cuando más se les necesitó. Si la respuesta institucional es sólida, el sacrificio de esos meses no se reducirá a una frase emotiva, sino que quedará plasmado en derechos concretos y continuidad laboral. Esa es la expectativa que, por ahora, reclaman las voces recogidas por Quadratín.

Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por Oaxaca Quadratin