Ciudad y plagas presionan al Parque Benito Juárez

Oaxaca de Juárez. El Parque Nacional Benito Juárez, una de las áreas naturales protegidas por la Federación que custodia la cercanía entre la ciudad y la sierra, enfrenta un doble desafío: el avance urbano y brotes de plagas que están debilitando su vegetación y su capacidad para seguir siendo pulmón y refugio de biodiversidad.

Según reportes de El Imparcial de Oaxaca y datos compartidos por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), vecinos y especialistas han detectado árboles secos, podredumbre en raíces y colonias de insectos en zonas donde antes la cobertura forestal era continua. Al mismo tiempo, la presión de construcciones informales, caminos sin control y acumulación de basura en los bordes del parque está fragmentando hábitats y facilitando la propagación de enfermedades en las plantas.

“Es como si el parque tuviera una fiebre que no baja”, comenta una vecina que ha visto cómo pinos y encinos pierden vigor en menos de dos años. Esta metáfora resume un problema complejo: las plagas —posiblemente favorecidas por el estrés hídrico y los cambios microclimáticos— se instalan con más facilidad cuando los bosques están dañados y cercanos a asentamientos.

Las consecuencias son prácticas y visibles: menos sombra en recorridos escolares, mayor erosión del suelo en temporadas de lluvia y menos recursos naturales para quienes usan el área con fines recreativos y culturales. Para los especialistas, la pérdida paulatina de cobertura arbórea también reduce la capacidad del parque para mitigar el calor urbano y captar agua de lluvia, servicios ecosistémicos que benefician a toda la ciudad.

Autoridades municipales y federales reconocen el problema y han impulsado operativos de manejo fitosanitario, campañas de reforestación y patrullajes. No obstante, fuentes consultadas por este medio señalan que faltan recursos sostenidos, proyectos de diagnóstico que identifiquen con precisión las especies plaga y planes de manejo comunitario que integren a quienes viven junto al parque.

La experiencia de otros parques urbanos muestra rutas posibles: vigilancia vecinal organizada, brigadas de restauración apoyadas por universidades y un esquema de presupuesto multianual para mantenimiento ecológico. En Oaxaca, académicos y colectivos ambientales de la región proponen además integrar la educación ambiental en escuelas cercanas y crear incentivos para que familias mantengan zonas de amortiguamiento libres de desechos y combustibles para incendios.

Frente a este panorama, la invitación es doble. Por un lado, las autoridades deben transparentar diagnósticos y asignaciones presupuestales, y presentar un plan claro con metas medibles para controlar plagas y frenar la expansión urbana en áreas protegidas. Por otro lado, la ciudadanía puede participar: reportar áreas afectadas, sumarse a jornadas de limpieza y exigir políticas urbanas que respeten los límites del parque.

El Parque Benito Juárez no es solo un espacio natural; es un bien colectivo que conecta historia, salud y cultura. Atender sus problemas hoy es prevenir pérdidas mayores mañana. Como señala El Imparcial de Oaxaca, la acción coordinada entre gobierno, ciencia y sociedad es la única vía para que la sierra siga siendo refugio, paseo y pulmón para las próximas generaciones.

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