Oaxaca frente al espejo de la muerte: INEGI revela una realidad que trasciende altares

Misael Sánchez — Pasó el Día de Muertos. Las veladoras se apagaron, los altares se desarmaron, los tamales se enfriaron. Pero la muerte, esa que no se disfraza ni se pinta la cara, sigue ahí. No en los panteones ni en las calaveritas de azúcar, sino en los registros fríos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, INEGI.

Estos números, más allá de la festividad, nos invitan a mirar con seriedad la salud de Oaxaca, revelando un panorama donde la esperanza de vida se enfrenta a desafíos persistentes. La radiografía demográfica de la entidad muestra que las causas de defunción no son meros datos, sino el reflejo de una sociedad que lucha contra enfermedades crónicas y, en menor medida, otras problemáticas que merecen nuestra atención colectiva.

Las estadísticas de INEGI ponen de manifiesto que las enfermedades del corazón, la diabetes mellitus y los tumores malignos se mantienen como las principales causas de muerte entre la población oaxaqueña. Estos padecimientos, a menudo relacionados con el estilo de vida, la alimentación y el acceso a servicios de salud, plantean una emergencia silenciosa que afecta a miles de familias cada año. Por ejemplo, la diabetes, una enfermedad que se puede prevenir y controlar con un diagnóstico temprano y un seguimiento adecuado, sigue cobrando vidas en zonas donde la información y los recursos médicos son escasos o de difícil acceso.

Este escenario no es una casualidad. Oaxaca, con su diversidad cultural y geográfica, también enfrenta profundas desigualdades. El acceso a servicios de salud de calidad varía drásticamente entre las zonas urbanas y las comunidades rurales e indígenas. La falta de infraestructura médica, la escasez de personal especializado y la dificultad para llegar a centros de atención son factores que contribuyen a que muchas enfermedades se diagnostiquen tarde o no se traten de forma efectiva. A esto se suma la persistencia de hábitos alimenticios que, si bien son parte de la riqueza cultural, también pueden contribuir al desarrollo de enfermedades crónicas si no se acompañan de una dieta equilibrada y conocimiento sobre nutrición.

Detrás de cada estadística de defunción, hay una historia de vida truncada, una familia en duelo y una comunidad que pierde a uno de sus miembros. La muerte temprana de un padre, una madre o un joven no solo es una tragedia personal; impacta la economía familiar, la educación de los hijos y el tejido social. La pérdida de capital humano representa un freno al desarrollo de la entidad, mermando su capacidad productiva y de innovación. Las cifras del INEGI nos obligan a ver más allá de la frialdad del dato y a reconocer el dolor y las consecuencias que estas enfermedades acarrean para todos.

Ante este espejo que nos muestra una realidad compleja, es imperativo actuar. El reto para Oaxaca es transformar estos datos en acciones concretas. Esto implica fortalecer la infraestructura de salud en todas las regiones, invertir en campañas de prevención y promoción de estilos de vida saludables, y garantizar el acceso a medicamentos y tratamientos que salven vidas. La participación ciudadana es clave: desde la adopción de dietas balanceadas hasta la exigencia de mejores servicios de salud, cada persona puede contribuir. Las instituciones de gobierno, en diálogo con la sociedad civil y las comunidades, deben impulsar políticas públicas que aborden las causas estructurales de estas enfermedades, no solo sus síntomas, buscando soluciones sostenibles a largo plazo.

Oaxaca, un estado rico en cultura y tradiciones, tiene la fortaleza para mirar de frente esta realidad. Los datos del INEGI no son una sentencia, sino una llamada a la acción. Es el momento de que la sociedad oaxaqueña, junto con sus autoridades, trabaje unida para construir un futuro donde la vida prevalezca y el «espejo de la muerte» refleje cada vez menos fatalidades evitables. Solo así, con compromiso y estrategia, podremos honrar a nuestros muertos garantizando una vida más sana y plena para los vivos.