Oaxaca exige ser escuchada en la Reforma Electoral

Por Misael Sánchez

En el corazón del Parque Primavera, un sitio que resuena con historias de expropiación y resistencia, se llevó a cabo una audiencia pública convocada por la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral. Lejos de ser un mero trámite o un acto de formalidad, el encuentro se cargó de un profundo significado para Oaxaca, tierra que hoy clama por que su voz sea tomada en cuenta en las decisiones que moldearán el futuro de nuestra democracia.

No hubo promesas vacías ni discursos prefabricados. Lo que se sintió en el aire fue una mezcla de advertencias, el peso de la memoria histórica y, sobre todo, una exigencia clara y contundente: Oaxaca quiere ser escuchada. Las intervenciones, provenientes de diversas organizaciones civiles, líderes comunitarios y ciudadanos, pintaron un panorama donde lafragilidad de las instituciones electorales y la necesidad de fortalecer la participación ciudadana fueron temas recurrentes.

Las lecciones de la historia y la mirada al futuro

La elección de este emblemático parque como escenario no fue casual. Es un recordatorio viviente de luchas pasadas, de cómo la tierra y el territorio han sido objeto de disputas y cómo la organización comunitaria ha sido fundamental para defender derechos. En este contexto, las voces oaxaqueñas recordaron que la reforma electoral no puede ser un ejercicio de escritorio, ajeno a las realidades de los pueblos y las comunidades indígenas. La reforma, advirtieron, debe ser un reflejo fiel de la diversidad y la riqueza de nuestro país, y no una imposición que termine por marginar a quienes históricamente han sido excluidos.

Se habló de la importancia de garantizar que los mecanismos de participación ciudadana sean verdaderamente efectivos, que no se queden solo en el papel. La ciudadanía oaxaqueña busca mecanismos que permitan una fiscalización real del gasto público, que aseguren la rendición de cuentas y que fortalezcan la confianza en las instituciones electorales. La memoria colectiva de Oaxaca está marcada por experiencias donde la inequidad y la falta de representación han sido la norma, y no se quiere que la reforma electoral perpetúe esas injusticias.

Un llamado a la inclusión y la equidad

Entre las demandas más sentidas, se destacó la necesidad de una reforma que promueva la equidad en la contienda electoral. Esto implica no solo garantizar la igualdad de oportunidades para todos los partidos y candidatos, sino también asegurar que las voces de los sectores menos representados, como las mujeres, los jóvenes y las comunidades indígenas, tengan un peso real en el debate público y en las decisiones políticas. La meta es que nadie se quede atrás, que cada ciudadano sienta que su voto y su participación son valiosos.

Las propuestas aterrizan en temas concretos: se pidió revisar los financiamientos de los partidos políticos, buscando un modelo más equitativo y menos dependiente de intereses particulares. Se insistió en la transparencia de los procesos electorales, desde la organización hasta el conteo de votos, para erradicar cualquier atisbo de duda o sospecha. La exigencia es clara: una democracia robusta se construye con reglas claras, justas y, sobre todo, con la participación activa y consciente de la ciudadanía.

El desafío pendiente

La Comisión Presidencial para la Reforma Electoral tiene ante sí el enorme reto de no dejar que la voz de Oaxaca se apague una vez que la audiencia termine. Las palabras pronunciadas en el Parque Primavera no son un simple eco, son el clamor de un pueblo que anhela una democracia más inclusiva, más justa y más representativa. El éxito de esta reforma dependerá, en gran medida, de su capacidad para escuchar y traducir estas exigencias en acciones concretas. El futuro electoral de México está en juego, y Oaxaca, con su rica historia de lucha y organización, ha dejado claro que su aporte es indispensable.