Oaxaca, entre la bonanza turística y la batalla por la formalidad laboral

Oaxaca cerró 2025 con una foto compleja del empleo ligado al turismo: crecimiento en ocupación, pero avances desiguales en la formalidad. Las cifras del IMSS, que traza la evolución del empleo formal, confirman que el turismo sigue siendo un motor económico; sin embargo, en muchas zonas del estado la seguridad social y los contratos estables aún son la excepción.

En las ciudades y en las playas oaxaqueñas se respira actividad: más vuelos, más visitantes nacionales y extranjeros, y un mayor movimiento en hoteles, restaurantes y tours. Datos del INEGI y reportes de la Secretaría de Turismo muestran una recuperación sostenida después de la pandemia. Pero esa recuperación no siempre se traduce en mejores condiciones laborales para las familias: gran parte del empleo generado sigue siendo informal, temporal o con ingresos por debajo de la canasta básica.

La informalidad tiene rostro cotidiano. Para muchas personas del sector, la temporada alta equivale a ingresos que alcanzan para el mes, mientras que la temporada baja obliga a buscar otras fuentes de subsistencia. Esto afecta el acceso a prestaciones, vivienda digna y la posibilidad de planear a futuro. Los empleos formales, a su vez, suelen concentrarse en cadenas hoteleras y empresas consolidadas, que todavía representan una parte limitada del tejido productivo local.

Desde el gobierno estatal y federal se han impulsado programas para capacitación, certificación y apoyo a microempresas turísticas. La Secretaría de Turismo ha promovido la profesionalización de guías, la mejora de estándares en pequeñas hospedaje y estrategias de diversificación de oferta. Estas medidas muestran avances, pero especialistas consultados señalan que falta articular políticas de largo plazo: acceso a crédito justo, acompañamiento para la formalización y mejorar la infraestructura básica en comunidades receptoras.

La apuesta puede y debe ser doble: potenciar la llegada de visitantes y, al mismo tiempo, garantizar que esos ingresos queden en manos de la comunidad. Iniciativas de economía social, cooperativas de guía y producción artesanal, y políticas públicas que condicionen apoyos a la creación de empleos formales son pasos posibles. La experiencia de otros destinos mexicanos, documentada por el INEGI y estudios académicos, muestra que la formalización crece cuando se combinan incentivos directos con capacitación práctica y acceso a mercados.

Para el sector turístico oaxaqueño el desafío es claro: transformar la bonanza en bienestar. No se trata solo de contabilizar arribos y pernoctaciones, sino de medir quiénes mejoran su ingreso, quiénes ganan un seguro médico y una pensión, y quiénes pueden planear el futuro. La decisión política es local y nacional: invertir en la gente que hace posible el turismo, desde las cocineras tradicionales hasta los jóvenes emprendedores, es la forma más sólida de construir un desarrollo turístico inclusivo y sostenible.

Fuente: IMSS, INEGI y Secretaría de Turismo; entrevistas e informes locales sobre empleo y políticas públicas.

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