La comunidad despide a Beni, guardiana de la presa Yosocuta

El Jueves Santo fue la última vez que alguien la vio, cerca de la iglesia, esperando a sus dueños

La noticia corrió como un susurro que se convirtió en llanto. Beni, la perra que se había ganado el corazón de vecinas, vecinos y activistas por ser un símbolo vivo de la defensa de la presa Yosocuta, falleció recientemente, informó Quadratín.

Vecinos cuentan que el último recuerdo que tienen de ella es una imagen sencilla y potente: Beni, sentada cerca de la iglesia el Jueves Santo, al pendiente de quienes la cuidaban. Ese gesto de lealtad y presencia fue, para muchos, la prueba de que no hay lucha sin compañía.

La pérdida abrió un espacio de conmoción y memoria en la comunidad. Personas que han acompañado la defensa del agua y del entorno recuerdan a Beni como un hilo de unión: aparecía en windows de protesta, en recorridos por la cuenca y en las narrativas cotidianas sobre por qué es importante proteger la presa Yosocuta. «Ella nos miraba como si entendiera», dijo una vecina a Quadratín, y esa sensación pegó en la comunidad como si se hubiera ido alguien de la familia.

La defensa de la presa Yosocuta no es sólo una disputa ambiental; es una cuestión de vida comunitaria. En pueblos donde el agua, la tierra y la memoria están entrelazadas, los símbolos importan. Beni ayudó a poner rostro y corazón a una causa que de otra manera corría el riesgo de quedarse en datos técnicos. Su figura permitió que más personas se acercaran, preguntaran y se comprometieran.

No hay, hasta ahora, detalles públicos sobre las causas del fallecimiento. La familia y quienes participaron en las labores de defensa han preferido recordar su compañía y su entrega. Quadratín recogió testimonios que hablan de flores y abrazos junto a la iglesia, de relatos compartidos y de la voluntad de que su recuerdo alimente la continuidad del trabajo comunitario.

Más allá del dolor, la muerte de Beni deja una enseñanza sobre cómo se construye la defensa del territorio: con constancia, con afecto y con símbolos que conectan lo técnico con lo humano. Activistas locales han dicho que seguirán con la vigilancia y las tareas para proteger la presa, y que el nombre de Beni permanecerá en las crónicas y en las acciones futuras.

En tiempos en los que las políticas públicas sobre el agua y el uso del territorio se discuten en oficinas y en pasillos, historias como la de Beni recuerdan que las decisiones afectan rostros concretos —personas, familias y comunidades enteras— y que la movilización social no es un gesto abstracto sino el cuidado del lugar donde vivimos.

La comunidad prepara pequeños actos para despedirla y mantener viva su memoria. Quienes la conocieron piden que su nombre sirva para reforzar la participación ciudadana: asistir a reuniones, informarse sobre proyectos que amenacen la presa y exigir transparencia a quienes administran los recursos hídricos.

El paso de Beni por la defensa de Yosocuta será contado como parte de la historia común: no sólo como una pérdida, sino como un recordatorio de por qué cuidar el agua y el territorio es también cuidar la vida cotidiana de la gente.

Fuente: Quadratín

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