Montiel toma las riendas de Morena y pide cerrar filas alrededor de la presidenta

Montiel asumió la dirigencia de Morena esta semana y lanzó un llamado claro a la unidad: según reportes de LPO, pidió a militantes y simpatizantes respaldar a la presidenta como vía para fortalecer al país. En el mismo acto, la nueva conducción dejó ver que quiere cambiar el tono interno: advirtió que «los corruptos no tienen cabida» y confirmó la entrada de Óscar del Cueto a la Secretaría de Finanzas del partido, un movimiento que ya empezó a generar expectativas y dudas entre la militancia.

La toma de protesta de Montiel busca poner orden después de meses de tensiones internas. Su mensaje fue nítido: unidad y control sobre recursos. Al nombrar a Óscar del Cueto en finanzas, Morena suma a una figura con experiencia en administración, según fuentes citadas por LPO, lo que desde el partido se interpreta como una apuesta por profesionalizar la gestión y blindar los recursos ante posibles prácticas irregulares.

El discurso de «cero tolerancia a la corrupción» es reconfortante en el papel, pero exige pruebas. Para muchos militantes y observadores, la frase «los corruptos no tienen cabida» deberá traducirse en transparencia real: rendición de cuentas, comités internos independientes y acceso público a los estados financieros del partido. Si no, el mensaje se queda en retórica.

¿Qué implica todo esto para la gente común? En términos prácticos, una dirigencia partidista más ordenada puede significar campañas más claras y recursos mejor administrados en programas sociales y actividades comunitarias. Sin embargo, si la concentración de decisiones no va acompañada de mecanismos de control, el riesgo es que se reproduzcan viejas prácticas que terminan afectando la inversión pública y la confianza ciudadana.

Montiel también vinculó la estabilidad del partido con la gobernabilidad del país: su idea de que «respaldar a la presidenta es respaldar a México» busca alinear proyecto político con la gestión pública. Esa conexión puede acercar recursos y agendas, pero también exige vigilancia: la ciudadanía tiene interés en que esa cercanía no impida la crítica ni la investigación independiente cuando haya irregularidades.

En la práctica, lo que viene para Morena es una fase de prueba. La entrada de Del Cueto a finanzas y el discurso anti-corrupción marcan el rumbo anunciado, pero su éxito dependerá de dos cosas fundamentales: transparencia en el manejo del dinero y participación real de las bases. Sin esos elementos, la unidad pedida por Montiel será más una consigna que una práctica.

Como periodista, sigo atento a las siguientes señales: publicación de balances financieros, apertura de candidaturas y espacios para la participación interna, y la respuesta de la ciudadanía ante cualquier irregularidad. LPO fue la primera en anticipar algunos de estos movimientos y seguirá siendo una referencia para seguir este proceso.

La nueva etapa de Morena arranca con promesas y preguntas. La invitación a cerrar filas tiene sentido si sirve para construir instituciones más fuertes; si no, solo será una pausa en un ciclo que necesita más transparencia y menos lemas. La responsabilidad ahora es tanto del liderazgo como de la militancia y de la sociedad: exigir cuentas y participar, para que la política deje de ser espectáculo y empiece a ser instrumento de bienestar.

Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por La Politica online