Los pueblos que no hablan se suicidan

En estos tiempos de exámenes finales, recordamos nuestra etapa estudiantil, especialmente la universitaria. En este contexto, el mundo de la enseñanza del derecho está experimentando una transformación, aunque con pasos lentos y a veces desordenados. Los métodos de enseñanza, aprendizaje y evaluación se adaptan a la naturaleza cambiante de esta disciplina, donde un simple cambio legislativo puede invalidar años de estudio.

Más allá del derecho escrito, la aplicación de la ley en los tribunales también se está revolucionando. La oralidad ha llegado para quedarse. El proceso penal abrió la puerta a la argumentación jurídica hablada, donde convencer a los jueces con la palabra es ahora fundamental. Y este cambio se intensificará en 2026, con la implementación del nuevo Código Nacional de Procedimientos Civiles y Familiares en Oaxaca, que traerá consigo el desafío de la oralidad en los procesos civiles y familiares.

Los abogados del futuro, y los del presente, tienen la crucial obligación de prepararse no solo en el conocimiento, sino en el «cómo». Pasar de la argumentación escrita a la defensa oral de nuestros argumentos no es un detalle menor. La necesidad de argumentar y defenderse en el momento exige una adaptación rápida. Por ello, materias antes consideradas secundarias, como la oratoria forense y su disciplina madre, la retórica, cobran una relevancia capital. Estas disciplinas, a la luz de los nuevos procesos judiciales, guardan una relación directa y esencial con la argumentación jurídica.

En la Benemérita Universidad de Oaxaca, se está abordando esta realidad desde la práctica. La retórica y la oratoria forense se enseñan no solo en teoría, sino para que los futuros abogados comprendan su utilidad real. El objetivo es que aprendan a usarlas en la vida profesional. Un ejemplo de esta innovadora metodología se vivió este último viernes, cuando se realizó un examen ordinario fuera de lo común.

Los estudiantes presentaron sus argumentos orales ante familiares invitados, quienes fueron testigos directos de la evolución de los jóvenes. Cada participante disertó durante al menos cinco minutos sobre una sentencia relevante en derechos humanos, analizando la argumentación constitucional y convencional de la decisión. Fue un ejercicio público, transmitido en vivo por Facebook, donde los futuros juristas vencieron miedos, complejos e inseguridades, descubriendo el poder de su propia voz.

Estas disertaciones resonaron con discursos de inconformidad, reproche e indignación ante la realidad de violaciones sistemáticas de derechos humanos que aflige al mundo y ante la que, muchas veces, parece no haber salida. La formación de abogados no solo se centra en el conocimiento normativo para resolver conflictos, sino en la construcción de personas íntegras, capaces de comprender, interpretar y transformar la realidad que los rodea, especialmente aquello que atenta contra los valores fundamentales del derecho.

Hoy, más que nunca, necesitamos abogados activistas, comprometidos, líderes con un profundo sentido social. Abogados que conozcan tanto las preguntas como las respuestas para edificar sociedades más justas y equitativas. Y uno de los primeros pasos para ejercer un liderazgo transformador es el dominio de la palabra hablada. Es la herramienta que permite empoderar a otros jóvenes, encender la chispa de la justicia y combatir las injusticias del mundo.

Como bien se afirma, y esto es una lección crucial, **los pueblos que no hablan se suicidan**. La inacción, el silencio ante la injusticia, la falta de expresión y de defensa de nuestros derechos, nos condenan a la invisibilidad y a la perpetuación de la desigualdad.

(Fuente: Magistrado presidente de la Sala Constitucional y Cuarta Sala Penal del Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca)

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