Linda Rosa Manzanilla Naim: Teotihuacan, una ciudad de voces y datos
«He dedicado muchos años de trabajo a comprender una enorme ciudad multiétnica como lo fue Teotihuacan y a sus habitantes», dice la arqueóloga Linda Rosa Manzanilla Naim, durante una charla sobre sus investigaciones. Sus palabras resumen una ocupación científica que busca entender no solo edificios monumentales, sino también la vida cotidiana de quienes habitaron esa urbe.
Manzanilla Naim, investigadora vinculada a la Universidad Nacional Autónoma de México, ha aplicado métodos arqueológicos contemporáneos para leer Teotihuacan como un espacio complejo: plazas, talleres, mercados y barrios donde convivieron grupos diversos. Según la especialista y estudios publicados por la UNAM, la ciudad alcanzó en su apogeo a decenas de miles de habitantes y funcionó como un polo económico y ritual que conectaba distintas regiones del valle de México y Mesoamérica.
En la entrevista, la arqueóloga explica que la clave está en combinar evidencia material —cerámica, arquitectura, restos de alimentos, ofrendas— con preguntas sociales: ¿quiénes producían? ¿qué redes de intercambio existían? ¿cómo se organizaba la vida doméstica? Ese enfoque permite pasar de monumentos estéticos a historias humanas.
Pero el trabajo científico también tiene consecuencias prácticas. Manzanilla Naim y colegas advierten sobre amenazas concretas: el crecimiento urbano, la presión turística y la falta de presupuestos sostenidos para conservación. Instituciones como el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la UNAM han impulsado políticas de protección, pero según la investigadora persisten retos en la coordinación con autoridades locales y en la participación comunitaria.
La arqueóloga propone soluciones claras y cercanas: invertir en educación patrimonial para escuelas de la región, capacitar a guías locales y desarrollar turismo sustentable que beneficie a las comunidades. Es, dice, una manera de que el conocimiento científico se traduzca en bienestar y en empleo, y no solo en atracción turística.
Para quien visita Teotihuacan, la recomendación de Manzanilla Naim es simple: mirar con curiosidad y respeto. Explica con una metáfora que quizá entiendo mejor: «Estudiar Teotihuacan es como armar un rompecabezas donde faltan piezas; cada fragmento encontrado, desde un molino de mano hasta una ofrenda, ayuda a escuchar voces que estaban silenciadas».
Su trabajo también plantea preguntas sobre políticas públicas: ¿cómo priorizar recursos culturales en un país con necesidades múltiples? La respuesta, según la investigadora, pasa por integrar la investigación académica con programas sociales y turísticos que sean transparentes y participativos. Esa articulación puede convertir los sitios arqueológicos en espacios de memoria y oportunidades económicas para las comunidades locales.
La conversación con Linda Rosa Manzanilla Naim, basada en su trabajo y en reportes de la UNAM, muestra que conservar Teotihuacan no es solo cuidar piedras, sino atender historias y personas. Para la arqueóloga, el futuro exige ciencia rigurosa, políticas públicas incluyentes y una ciudadanía informada que valore su patrimonio como motor de desarrollo cultural y social.
Fuente: entrevista con Linda Rosa Manzanilla Naim y materiales de la Universidad Nacional Autónoma de México.
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