Trabajo informal y doble jornada marcan la vida de mujeres en Oaxaca
Muchas no alcanzan ni el microsalario y trabajan sin condiciones mínimas de protección laboral
En los mercados, en la milpa, en puestos ambulantes y en casas ajenas, las mujeres de Oaxaca hacen malabares para sostener hogares y mantener una economía que rara vez les devuelve lo que invierten. En El Imparcial de Oaxaca constatamos que la informalidad y la doble jornada siguen siendo la regla para muchas, no la excepción.
María López, de 42 años y vendedora en el mercado de la ciudad, cuenta su día: se levanta a las cuatro de la mañana para preparar la mercancía, atiende su puesto desde las seis hasta las dos de la tarde y al regresar cocina y cuida a sus nietos. «A veces termino con más de 12 horas de trabajo y no me alcanza para pagar todo», dice. María no tiene contrato, seguridad social ni acceso a prestaciones. Su ingreso diario suele estar por debajo del microsalario.
Los estudios y encuestas nacionales señalan que gran parte del empleo femenino en Oaxaca se desarrolla en la economía informal. Organismos como el INEGI y el CONEVAL han identificado al estado entre los de mayor prevalencia de trabajos sin protección social y con altos índices de pobreza. Esa informalidad no solo implica bajos ingresos: también significa falta de derechos laborales, jornadas extensas y un mayor riesgo de explotación.
La doble jornada —trabajo remunerado afuera o en la economía informal y trabajo no remunerado en el hogar— es una carga que recae de forma desproporcionada sobre las mujeres. En zonas rurales e indígenas, donde las redes de cuidado y servicios públicos son limitadas, esa carga aumenta. La consecuencia es menos tiempo para educación, para descanso y para participar en espacios comunitarios o políticos.
Las políticas públicas han intentado responder con medidas como el aumento del salario mínimo y programas de apoyo social. Sin embargo, la formalización del empleo y el acceso efectivo a guarderías, cuidado de personas mayores y seguridad social requieren rutas claras y financiamiento sostenido. En la práctica, muchas iniciativas no llegan con la cobertura necesaria o no están diseñadas para las formas de trabajo que predominan en Oaxaca.
Defensores de derechos laborales y especialistas señalan que la solución pasa por combinar tres frentes: facilitar la formalización con trámites simplificados y apoyo técnico para microemprendedoras; ampliar la cobertura de seguridad social para trabajadoras informales; y fortalecer servicios de cuidado comunitario que permitan redistribuir la carga doméstica. Desde el ámbito local, algunos municipios ya impulsan centros de cuidado y programas de capacitación, pero faltan recursos y coordinación estatal.
Para mujeres como María, las mejoras deben ser tangibles. «No quiero caridad, quiero seguridad para trabajar y que mis hijas no tengan que cargar con lo mismo», afirma. Ese reclamo resume la demanda: justicia laboral que incluya salarios dignos, protección y reconocimiento del trabajo doméstico como componente central de la economía.
El Imparcial de Oaxaca seguirá documentando historias y datos que muestren cómo la informalidad y la doble jornada afectan la vida cotidiana. Informar no es solo contar problemas, sino también señalar caminos: promover la participación ciudadana, exigir transparencia en los programas públicos y apoyar iniciativas comunitarias que fortalezcan redes de cuidado son pasos que pueden transformar la rutina de miles de mujeres en Oaxaca.
Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por El Imparcial
