Infantino abre la puerta a un mundial de 64 equipos: qué cambiaría
El presidente de la FIFA dijo que la idea se debatirá tras el torneo de este verano; la propuesta promete más inclusión, pero también plantea retos logísticos, deportivos y sociales.
Gianni Infantino confirmó que la FIFA discutirá la posibilidad de llevar el Mundial a 64 selecciones tras el torneo de este verano, según declaraciones recogidas por Reuters y un comunicado de FIFA. La frase vuelve a poner en la agenda una idea que divide: más países tendrán oportunidad de soñar con la gloria, pero la copa también sería más larga, más costosa y más compleja de calendarizar.
Para entender el impacto basta con comparar formatos. Un Mundial de 32 selecciones dejó 64 partidos; la ampliación a 48 (formato de 2026) sube a 80 partidos. Un hipotético torneo de 64 equipos, con 16 grupos de cuatro, implicaría alrededor de 128 partidos en total. Eso no solo exige más estadios y logística: extiende la duración del torneo y multiplica la carga sobre jugadores y calendarios nacionales y de clubes.
Las reacciones ya conocidas muestran el choque de intereses. Organizaciones como FIFPRO y varias ligas europeas han advertido sobre el agotamiento de futbolistas y la saturación del calendario internacional. Diversos medios, entre ellos la BBC, han subrayado el riesgo de conflicto entre fechas de clubes y selecciones si la FIFA no negocia cambios contundentes con confederaciones y ligas.
En el terreno político y geográfico, una expansión a 64 favorecería a confederaciones menos representadas. La ampliación a 48 en 2026 ya incrementó plazas para África, Asia y Oceanía; llevarlo a 64 podría reforzar esa tendencia, beneficiando a naciones pequeñas que hoy apenas tienen opciones. Para México y la región de CONCACAF, más cupos significan más protagonismo regional y oportunidades de desarrollo futbolístico local.
Pero no todo es ganancia inmediata. Organizar un Mundial más largo exige inversión pública y privada en infraestructura, transporte y seguridad. También aumenta la huella ambiental del evento, un punto sensible para gobiernos y comunidades locales que priorizan sostenibilidad. Economistas y especialistas citados por The Guardian y Reuters recuerdan que los supuestos beneficios económicos no siempre se traducen en mejoras reales para la población anfitriona, especialmente si la planificación excluye criterios sociales y ambientales.
El proceso administrativo no es menor: cualquier cambio tendría que pasar por el Congreso de la FIFA y negociarse con confederaciones, ligas y clubes. La propia FIFA ha dicho que el diálogo será exhaustivo, pero no ha dado plazos ni una propuesta concreta de formato ni de reparto de plazas.
Para la ciudadanía y los aficionados, la pregunta es doble: ¿queremos un Mundial más grande aunque sea más pesado y costoso?, y ¿cómo aseguramos que sus beneficios lleguen a comunidades y no solo a grandes empresas y federaciones? Más equipos significan más ilusión en países que hoy solo sueñan con clasificar; pero también exige transparencia, criterios de sostenibilidad y protección para los jugadores.
Infantino abrió la puerta. Ahora la discusión pública debe exigir que, si avanza, lo haga con reglas claras, participación de actores sociales y controles que prioricen bienestar y justicia. La decisión final, como suele pasar, no será solo deportiva: será política, económica y social.
Reporte basado en declaraciones de FIFA y coberturas de Reuters, BBC y The Guardian.
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