Huachicol persiste: pemex detecta 9.520 tomas clandestinas en el primer año de Sheinbaum

Según Petróleos Mexicanos, Hidalgo, Jalisco y Guanajuato concentran más de la mitad de las detecciones; el robo sigue golpeando economías locales y la seguridad de comunidades.

Petróleos Mexicanos (Pemex) reportó 9.520 tomas clandestinas en ductos durante el primer año de la administración de Claudia Sheinbaum. El número, dado a conocer por la propia empresa, confirma que el llamado huachicol sigue presente pese a las políticas públicas desplegadas para frenarlo.

La concentración del problema es clara: más de la mitad de esas tomas se localizaron en Hidalgo, Jalisco y Guanajuato, estados que combinan tramos de ductos vulnerables, actividades ilícitas arraigadas y, según expertos en seguridad, redes de complicidad local que facilitan el desvío de combustibles.

¿Qué significa esto para la gente común? El huachicol no es sólo una estadística; tiene efectos concretos:

  • Interrupciones en el suministro de combustibles y cierres temporales de estaciones de servicio, que afectan a conductores, transporte público y pequeñas empresas.
  • Riesgos para la seguridad: fugas e incendios causados por tomas mal hechas pueden provocar muertes y daños a viviendas y cultivos.
  • Impacto en finanzas públicas: Pemex y el Estado pierden ingresos que podrían invertirse en salud, educación y servicios.
  • Economías locales distorsionadas: mercados informales de combustible y presión sobre negocios legales.

Pemex ha explicado que la detección se apoya en patrullajes, monitoreo de ductos y acciones de inteligencia operativa. En respuesta, las autoridades han recurrido a cierres preventivos de ductos, operativos policiales y, en ocasiones, a la intervención de fuerzas federales para asegurar instalaciones. Sin embargo, los datos muestran que esas medidas no han eliminado el fenómeno.

Contexto y matices

El huachicol lleva años siendo un reto en México; los esfuerzos para reducirlo han mostrado avances parciales en momentos y regiones, pero la persistencia de miles de tomas clandestinas indica que el problema tiene raíces sociales y económicas profundas. En zonas donde hay pobreza y pocas oportunidades laborales, la extracción ilegal se convierte para algunos en una forma de ingreso. Además, la complejidad logística de la red de ductos y la facilidad para manipular tramos aislados dificultan la vigilancia continua.

Qué está en juego y qué se propone

Frente a este panorama, especialistas y actores locales plantean una estrategia de múltiples frentes:

  • Mayor inversión en tecnología de detección y en mantenimiento de ductos para reducir vulnerabilidades físicas.
  • Programas de desarrollo económico en las comunidades afectadas, que ofrezcan alternativas al ingreso por extracción ilícita.
  • Transparencia en las investigaciones y sanciones efectivas contra redes criminales y servidores públicos coludidos.
  • Campañas de denuncia ciudadana protegida y canales confiables para reportar tomas sin poner en riesgo a testigos.

Resumen numérico

Total de tomas detectadas Estados con mayor concentración
9.520 Hidalgo, Jalisco y Guanajuato (más del 50% del total, según Pemex)

El reto es claro: reducir las cifras no es solo cuestión de operativos policiales, sino de transformar las condiciones que permiten el delito. Pemex es la fuente de los números que hoy revisamos, y su informe obliga a autoridades y ciudadanía a trabajar juntas para proteger vidas, bienes y recursos públicos.

Si bien hay señales de acción, la experiencia muestra que la solución requiere tiempo, coordinación interinstitucional y participación comunitaria. La pregunta para las próximas etapas es si las medidas se enfocarán tanto en la contención inmediata como en el diseño de alternativas sociales y económicas que hagan inviable el negocio del huachicol.

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