Barrios históricos en riesgo: turismo e inversiones empujan a vecinos a la periferia
Oaxaca carga con la mirada del mundo desde que la UNESCO declaró su centro histórico patrimonio mundial en 1987. Esa admiración, sin embargo, empieza a pesar en los bolsillos y en las casas de quienes han vivido aquí toda la vida. La gentrificación está reordenando el centro: suben los precios, cambian los comercios y desaparecen familias enteras que ya no encuentran dónde vivir.
Vecinos consultados, entre ellos una señora que prefirió no dar su nombre, cuentan que en los últimos años han visto cómo casas familiares se convierten en hostales, boutiques y galerías. «Antes saludábamos al panadero; hoy tenemos turistas que vienen y se van», dice la vecina. Reportes de La Jornada y estudios de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, UABJO, coinciden en que la presión inmobiliaria y la llegada de hospedaje de corta estancia son motores claros de desplazamiento.
Los datos del INEGI y las observaciones de académicos locales muestran tendencias generales: recuperación económica ligada al turismo, pero también alza en el valor de la vivienda y en las rentas en el área central. El resultado es una mezcla peligrosa: preservación del patrimonio físico al lado de pérdida del patrimonio social. Comercios tradicionales se ven obligados a cerrar por costos cada vez más altos, y las nuevas inversiones ofrecen empleos temporales pero no aseguran vivienda para los antiguos residentes.
Autoridades municipales han impulsado proyectos de restauración y promoción cultural; la Secretaría de Cultura federal reconoce el valor del centro. Pero especialistas consultados señalan que esas intervenciones, sin medidas complementarias, pueden favorecer la turistificación en lugar de proteger a la población local. Investigadores de la UABJO proponen herramientas como un registro y límite a los alojamientos turísticos, incentivos para vivienda social en el primer cuadro y programas que fortalezcan la economía local basada en oficios tradicionales.
La respuesta también exige acción ciudadana. Organizaciones vecinales y colectivos culturales han presentado alternativas, desde fondos de preservación comunitaria hasta acuerdos con el ayuntamiento para mantener usos habitacionales en inmuebles clave. La experiencia de otras ciudades patrimoniales enseña que sin controles claros y sin vivienda asequible, el centro puede convertirse en un escaparate bonito que nadie puede habitar.
La pregunta ahora es si Oaxaca logrará conjugar su valor cultural con políticas que no dejen fuera a las personas que le dieron vida. Las decisiones que tomen autoridades y sociedad en los próximos meses definirán si el centro histórico será un hogar sostenible para sus habitantes o solo un museo para visitantes.
Fuentes: UNESCO, INEGI, La Jornada, Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), entrevistas con vecinos y comerciantes del centro histórico de Oaxaca.
Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por Agencia Oaxaca
