Salomón Jara da aval institucional a Farid Acevedo y fortalece su rectoría en la UABJO
Por Misael Sánchez
Oaxaca. El respaldo público del gobernador Salomón Jara a la gestión de Farid Acevedo, luego de la elección en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, marcó esta semana un punto de inflexión en la vida interna de la casa de estudios, según la Columna Política de Apuntes y Despuntes.
Según la columna y comunicados oficiales consultados, el espaldarazo del Ejecutivo estatal busca dar certidumbre institucional después del proceso electoral que definió la rectoría. Para buena parte del sector oficial, este apoyo es una señal de estabilidad que facilitaría la continuidad de proyectos académicos y administrativos en la UABJO.
La UABJO no es una universidad cualquiera en Oaxaca. Como señala la columna de Misael Sánchez, cada elección y cada conflicto interno suelen proyectarse más allá del campus y tienen efectos en la política local. Por eso el aval del gobernador no solo tiene implicaciones administrativas, también políticas y simbólicas.
En la comunidad universitaria las reacciones han sido mixtas. Autoridades y aliados hablan de un avance hacia la gobernanza y la normalidad; estudiantes y docentes críticos han pedido que ese respaldo vaya acompañado de transparencia, rendición de cuentas y diálogos abiertos sobre planes de trabajo, presupuesto y autonomía.
Quienes observan el proceso advierten que consolidar una rectoría va más allá de gestos públicos. Requiere cumplir con compromisos concretos: mejorar la infraestructura, garantizar condiciones laborales y académicas, abrir espacios de participación y atender las demandas históricas que existen en varias facultades y escuelas. Esas son las expectativas que, de acuerdo con la columna y fuentes universitarias, ahora pesan sobre la administración de Acevedo.
Para evitar que el aval se perciba solo como un pacto político, dirigentes estudiantiles y académicos plantean tres prioridades: clarificar el rumbo financiero de la UABJO, establecer mecanismos permanentes de diálogo y fortalecer instancias de control interno. Si el rector responde con medidas claras, el respaldo podría traducirse en estabilidad real; si no, la tensión podría reaparecer en las asambleas y en las calles.
El episodio deja en claro algo elemental para la vida pública en Oaxaca: las universidades siguen siendo cámaras de resonancia. El reto para Farid Acevedo y para el gobierno estatal es convertir ese espaldarazo en políticas públicas que beneficien a la comunidad universitaria y a la sociedad en general. Así lo plantean fuentes consultadas en la Columna Política de Apuntes y Despuntes y en comunicados de la propia UABJO.
La historia no termina con un refrendo. Empieza una etapa en la que la vigilancia ciudadana, la prensa y la propia comunidad universitaria tendrán que exigir resultados concretos. Solo así se podrá valorar si el aval institucional se traduce en mejoras reales para la educación en Oaxaca.
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