Juchitán mantiene sus ritos y su reclamo de justicia entre miedo y memoria
Juchitán, Oax. — En el Domingo de Ramos, las calles y los cementerios de Juchitán se llenan de ramos, música y voces que no olvidan a quienes se fueron. Sin embargo, esa imagen de tradición y comunidad convive con el reclamo constante por seguridad y justicia. Según Quadratín, familias zapotecas mantienen las ofrendas mientras exigen que las autoridades esclarezcan homicidios y desapariciones recientes.
Los ritos zapotecas, que marcan el inicio de la Semana Santa, fueron esta vez ejercicio de memoria y protesta. Vecinos y familiares, citados por Quadratín, narran cómo acuden a las tumbas con miedo contenido: vienen a cuidar las plantas, a encender velas y, de paso, a pedir que no quede impune la violencia que ha tocado a tantas casas.
En las plazas, mujeres y hombres conversan sobre la ausencia de respuestas oficiales y sobre la falta de investigación efectiva. Para muchos, el rito es una forma de resistencia cultural: mantener la tradición es, a la vez, un acto político que cuestiona la normalidad de la violencia. La demanda de justicia no se repite solo en consignas; se expresa en placas nuevas, en fotos pegadas a las lápidas y en la presencia silenciosa de quienes recuerdan a los desaparecidos.
Las autoridades locales han anunciado acciones para reforzar la seguridad, pero familiares y colectivos señalan que las promesas no bastan. Organizaciones civiles y colectivos de víctimas, según información recogida por Quadratín, insisten en la necesidad de investigaciones claras, atención psicológica y programas de reparación integral que incluyan medidas para proteger a testigos y denunciar con seguridad.
La escena en Juchitán muestra dos realidades que no se contradicen: la fortaleza de una tradición milenaria y la fragilidad de la vida cotidiana ante la violencia. El reto para las autoridades es convertir las garantías en hechos concretos, y para la sociedad es seguir cuidando la memoria sin resignarse a la impunidad.
En este contexto, la celebración del Domingo de Ramos se volvió también un llamado: que la fe y la cultura no sean una pausa frente a la violencia, sino el motor para exigir cambios reales y duraderos.
Reporta: un periodista joven en Juchitán. Fuentes: Quadratín y testimonios locales.
Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por Oaxaca Quadratin
