Infantino sacude al fútbol: el negocio que puso en riesgo a la Fifa
Por un joven periodista mexicano. Basado en reflexión de Simon Stone en BBC Sport y reportes de varios medios.
La ambición de Gianni Infantino por transformar a la Fifa en una máquina de ingresos terminó provocando más dudas que certezas. Como recuerda Simon Stone en BBC Sport, lo que empezó como una idea para “profesionalizar” la venta de derechos terminó convirtiéndose en un conflicto de intereses, pérdida de confianza y protestas dentro del propio ecosistema del fútbol.
El plan era sencillo en la teoría: crear estructuras comerciales para vender participaciones minoritarias de competiciones como la Copa del Mundo y atraer capital privado. El argumento oficial, según reportes de Reuters y The Guardian, fue que ese dinero garantizaría estabilidad financiera para federaciones nacionales y programas de desarrollo. En la práctica surgieron problemas inmediatos: falta de transparencia en las negociaciones, riesgos de privatización de un bien colectivo y el temor de que las decisiones deportivas queden subordinadas a intereses comerciales.
¿Qué está en juego para la gente común? Las federaciones nacionales podrían ver reducida su capacidad de inversión local si el reparto de ingresos cambia; los precios de entradas y derechos de transmisión pueden subir si inversores buscan retorno rápido; los programas de formación y fútbol femenino corren el riesgo de quedar en segundo plano frente a torneos más rentables. No es abstracto: son recursos que inciden en escuelas, clubes comunitarios y oportunidades para jóvenes.
La reacción fue en cadena. Miembros del fútbol, expertos en gobernanza y parte de la afición pidieron mayor rendición de cuentas. Fifa, según fuentes citadas por Reuters, defendió la iniciativa alegando que buscaba modernizar la organización, pero la crítica pública y la presión interna obligaron a frenar y revisar propuestas que, hasta entonces, se discutían de modo opaco.
El desenlace aún no es definitivo. Como apunta Stone en BBC Sport, el episodio expuso fallas profundas en cómo se toman decisiones en la Fifa y dejó claro que el fútbol mundial no es inmune a las tensiones entre negocio y patrimonio común. La solución no pasa solo por frenar ventas: requiere reglas claras, auditorías independientes y participación real de las federaciones y la sociedad civil.
Si algo deja esta crisis es una lección política para quienes aman el deporte: el fútbol es un bien público que necesita protección. Convertirlo en un activo financiero sin salvaguardas pone en riesgo no solo eventos megacompetitivos, sino la base misma del juego. Es momento de exigir transparencia, fortalecer controles y asegurar que cualquier ingreso extra revierta en comunidades, mujeres y formación de base.
Fuentes: BBC Sport (Simon Stone), Reuters, The Guardian.
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