CDMX se hunde a un ritmo alarmante: segmentos bajan hasta 2 cm cada mes, alerta la NASA
Por Diego Martínez, Ciudad de México
Según datos de la NASA, el suelo de la Ciudad de México cede en varias zonas a ritmos de hasta 2 centímetros por mes. No es un movimiento uniforme: hay puntos críticos que se hunden rápidamente y otros que lo hacen de manera más lenta, pero la tendencia preocupa porque afecta directamente la vida cotidiana de millones de personas.
El problema tiene raíces históricas y geológicas: la capital fue construida sobre los sedimentos blandos del antiguo lago de Texcoco. Esa base, como una almohada de barro, se comprime cuando se extrae demasiada agua del subsuelo o cuando se carga con edificios y pavimento. A eso se suman tuberías viejas, drenajes obstruidos y la falta de recarga natural de los acuíferos.
El descenso del suelo no es solo una cifra en un satélite. Se traduce en banquetas y muros agrietados, puertas que ya no cierran, hundimiento de calles, fallas en el sistema de drenaje y mayor vulnerabilidad ante lluvias y sismos. Para barrios de menores ingresos, que suelen recibir menos inversión en infraestructura, el costo social y económico puede ser mayor.
Expertos consultados por medios y universidades, y los mismos registros satelitales de la NASA, coinciden en que la solución no es única: requiere combinar monitoreo constante, políticas públicas para reducir la extracción de agua, proyectos de recarga de acuíferos, renovación de redes hidráulicas y ordenamiento urbano que considere el riesgo de subsidencia.
Algunas medidas prácticas que ya están sobre la mesa y que la ciudadanía puede exigir y apoyar incluyen invertir en colectores y plantas de tratamiento, ampliar la captación de agua de lluvia, incentivos para el reciclaje de agua en edificios y programas de mantenimiento en zonas más afectadas. También es clave la transparencia: datos abiertos y mapas accesibles para que vecinas y vecinos conozcan el riesgo en su colonia.
Este es un problema a largo plazo que exige organización social y decisiones públicas sostenibles. La ciencia —como la que viene de la NASA y de investigadores locales— nos da la radiografía; las autoridades y la ciudadanía deben acordar el tratamiento. Si la ciudad es una casa construida sobre barro, tocará decidir cómo reforzar los cimientos sin abandonar a quienes hoy padecen sus primeros efectos.
Fuente: NASA, con análisis y voces de especialistas locales.
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