El costo de sobrevivir sube: inegi actualiza el precio de la pobreza
INEGI publica en diciembre de 2025 la nueva referencia de cuánto cuesta cubrir lo básico; familias sienten el golpe en la mesa y en el bolsillo
La cifra que define lo mínimo para no caer en pobreza sufrió un ajuste a la alza, según los datos que publicó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, INEGI. La actualización de las líneas de bienestar deja en evidencia algo que muchos ya viven: alimentar a la familia, pagar la luz, el transporte y la vivienda exige más dinero que hace un año.
Para miles de hogares, la diferencia es palpable. María, vendedora en un mercado de la Ciudad de México, cuenta que ahora compra menos carne y aumenta las tortillas para estirar el gasto. Carlos, padre soltero y maestro, relata que destina más salario a servicios y menos a ahorros escolares. Esos ajustes cotidianos son el rostro humano del dato técnico que publicó INEGI.
La revisión del precio de la pobreza no es solo un número: afecta cómo se mide la pobreza y cuánto deben recibir —o exigir— las políticas públicas. Organismos como CONEVAL usan estas referencias para dimensionar la emergencia social; el Banco de México vigila la inflación que presiona los costos; y los programas sociales dependen de cifras actualizadas para ser efectivos.
No todos los incrementos se explican igual: mientras los alimentos básicos suben por factores globales y alteraciones en cadenas de suministro, los servicios como energía y transporte reflejan decisiones de política tarifaria y subsidios. Por eso la respuesta también debe ser mixta: mejorar salarios reales, fortalecer redes de apoyo local y ajustar transferencias para quienes más lo necesitan.
La publicación del INEGI es una llamada a actuar. Exige que autoridades y sociedad discutan medidas concretas que alivien el día a día: políticas de ingreso, control de precios en productos esenciales, inversión en transporte público y programas de apoyo alimentario focalizados. Sin soluciones, el precio de sobrevivir seguirá subiendo y con ello la dificultad para que las familias planifiquen su futuro.
Es esencial que la información del INEGI se traduzca en decisiones públicas claras y verificables. La estadística cuenta una historia; ahora toca a la política y a la ciudadanía escribir el capítulo que garantice dignidad y oportunidades para quienes hoy están cerca de la línea.
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