Género y datos marcan nueva ruta para las políticas de cuidado
Ciudad de México. Especialistas de América Latina y el Caribe se reúnen en el XXVII Encuentro Internacional de Estadísticas de Género para poner en el centro lo que muchas veces queda invisible: los números que hacen posible diseñar políticas públicas reales en favor de la igualdad y de una sociedad del cuidado.
Organizado con la participación de instituciones como INEGI, ONU Mujeres y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el encuentro busca mejorar la calidad y la comparabilidad de la información sobre trabajo remunerado, trabajo de cuidado no remunerado, violencia de género y participación económica. Según la CEPAL, las mujeres realizan en promedio alrededor de tres veces más trabajo de cuidado no remunerado que los hombres, un dato que recalca por qué las encuestas de uso del tiempo y los registros administrativos son cruciales para cambiar políticas y presupuestos.
Para especialistas consultados durante el foro, no se trata solo de tener más cifras, sino de datos útiles: desagregados por sexo, edad, etnia, territorio y condición laboral. INEGI, que en México ha avanzado con la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo, fue citado como ejemplo de cómo los instrumentos estadísticos pueden iluminar decisiones como la creación de servicios de cuidado, licencias parentales más inclusivas y transferencias condicionadas que alivien la carga de trabajo doméstico.
Pero las voces del encuentro también advirtieron retos concretos. ONU Mujeres y CEPAL señalaron que la falta de inversión sostenida, la heterogeneidad metodológica entre países y la subregistro de problemáticas como la violencia y el empleo informal limitan el diseño de soluciones. «Sin datos comparables y actualizados, las políticas quedan a ciegas», dijo una investigadora participante, en referencia a la necesidad de coordinación regional.
El efecto en la vida cotidiana es tangible: mejores estadísticas permiten priorizar guarderías públicas donde más se necesitan, ajustar presupuestos municipales para servicios sociales y orientar programas de empleo que reconozcan las cargas de cuidado. A su vez, datos más precisos ayudan a monitorear si las políticas realmente reducen la brecha de género y no solo generan titulares.
Entre las propuestas que surgieron en el encuentro están la armonización de indicadores, la capacitación técnica para oficinas estadísticas nacionales, y el fortalecimiento del financiamiento para estudios de tiempo y medición de violencia basada en género. Organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo y la cooperación técnica internacional aparecen como aliados para transferir buenas prácticas y recursos.
El balance que deja el XXVII Encuentro es pragmático: hay avances metodológicos y voluntad política en varios países, pero falta cohesión regional y recursos para que los datos se traduzcan en cambios reales. Como subrayó la CEPAL, construir una sociedad del cuidado requiere no solo voluntad sino cifras que señalen dónde intervenir y cómo medir el progreso.
El llamado final del foro fue claro: invertir en estadísticas de género no es un gasto, es la brújula para políticas públicas que impacten de verdad en la vida de las personas. Si las cifras hablan, ahora falta que las decisiones las escuchen y actúen en consecuencia.
