Oaxaca registra que uno de cada diez hogares pasa hambre
Oaxaca vive una crisis silenciosa: uno de cada diez hogares enfrenta hambre por falta de recursos, según datos del INEGI y del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). En 2025 la entidad quedó como la segunda con mayor porcentaje de hogares sin acceso a alimentos suficientes, una realidad que cala en campos, pueblos y colonias urbanas.
«A veces no hay para cenar y mis hijos se van a la cama con la tarea hecha y la panza vacía», cuenta doña María, madre de tres, desde una vivienda en la periferia de la ciudad de Oaxaca. Su historia es la de muchas familias que recuerdan que la comida depende ahora más del día a día que de un plan a futuro.
Los números ayudan a entender lo que vive la gente. El INEGI y CONEVAL registran que el incremento en el costo de los alimentos, la precariedad laboral y la baja cobertura de apoyos estatales en zonas indígenas y rurales empujan a hogares enteros a recortar porciones, saltarse comidas o depender de ayuda puntual. No es sólo una cifra: es la escuela a la que llegan niños con hambre, la madre que vende tortillas para completar el gasto, es la pérdida de oportunidades por la falta de energía para estudiar o trabajar.
Las políticas públicas muestran avances en algunos programas nacionales, como las pensiones para adultos mayores o los apoyos alimentarios escolares, pero en Oaxaca persisten vacíos. Organizaciones sociales y líderes comunitarios coinciden en que los recursos no siempre llegan a las comunidades más apartadas y que se requieren acciones combinadas: refuerzo a la economía local, compra de insumos a pequeños productores, comedores comunitarios y mejor focalización de los apoyos.
Expertos consultados por este medio piden tres cambios urgentes: mejorar la entrega y transparencia de los programas sociales, impulsar cadenas cortas de suministro para bajar precios e invertir en proyectos productivos locales que garanticen ingresos estables. Para quienes viven la crisis, las soluciones inmediatas también pasan por activar redes vecinales y bancos de alimentos gestionados por las propias comunidades.
La invitación es a no normalizar esta situación. La medición de INEGI y CONEVAL es una llamada de alerta: las cifras explican la urgencia, pero los rostros y las historias, como la de doña María, piden respuestas concretas y cercanas. Gobierno, sociedad civil y comunidades deben coordinarse para que comer no dependa de la suerte del día.
Fuente: INEGI y CONEVAL
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