Jóvenes oaxaqueños enfrentan una ola de ansiedad y depresión
El impacto de la precariedad económica, el desempleo y las responsabilidades familiares dispara malestares que muchos jóvenes no reciben a tiempo
Oaxaca — La ansiedad y la depresión están marcando el día a día de una generación joven en Oaxaca, que vive entre la incertidumbre laboral, la presión familiar y la falta de acceso a servicios de salud mental. Así lo documenta un reportaje de El Imparcial de Oaxaca, que recoge testimonios y cifras locales que confirman lo que profesionales de la salud vienen advirtiendo desde hace años: los factores sociales y económicos se traducen en un aumento sostenido de trastornos emocionales entre jóvenes.
“A veces siento que no puedo con todo: trabajo, cuidar a la familia, buscar oportunidades… y nadie me dice qué hacer”, cuenta una joven de 23 años citada por El Imparcial de Oaxaca. Testimonios como ese coinciden con observaciones de especialistas consultados para este texto: la sobrecarga familiar —especialmente en hogares con migración o falta de ingresos— y la informalidad laboral empujan a muchos a estados persistentes de angustia y desmotivación.
Datos nacionales, además, muestran un escenario preocupante: organismos como la Secretaría de Salud y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) han señalado que los problemas de salud mental aumentaron después de la pandemia y que la población joven es especialmente vulnerable. En Oaxaca, la carencia de recursos públicos y la limitada oferta de atención especializada agravan la situación, sobre todo en zonas rurales e indígenas, donde el acceso a servicios es más complejo y existe mayor estigma.
El vacío institucional se refleja en dos caras: por un lado, jóvenes que no encuentran atención oportuna; por otro, familias que normalizan el sufrimiento como algo inevitable. “No es flojera ni falta de voluntad; es una acumulación de factores que terminan enfermando”, explica una psicóloga comunitaria que trabaja en la región metropolitana, citada por El Imparcial de Oaxaca.
Las consecuencias trascienden lo individual. La pérdida de oportunidades educativas y laborales, el incremento de conductas de riesgo y el deterioro de la convivencia familiar son efectos concretos que ya se observan en comunidades y escuelas. Para entenderlo en términos sencillos: cuando una generación no recibe apoyo para su salud mental, se reduce su capacidad para estudiar, trabajar y participar en la vida comunitaria. Eso afecta el presente y compromete el futuro colectivo.
Frente a este panorama, organizaciones civiles y profesionales proponen respuestas concretas. Entre las acciones más recurrentes están ampliar la inversión en atención psicológica pública, crear espacios de escucha en escuelas y centros comunitarios, capacitar a personal de salud primaria y aprovechar las herramientas digitales para llegar a zonas remotas. También se insiste en la necesidad de intervenir sobre las causas estructurales: empleo digno, redes de apoyo social y políticas que alivien la pobreza y la sobrecarga de cuidados.
La apuesta de quienes trabajan en el tema es clara: abordar la salud mental no como un problema aislado, sino como un tema de justicia social. Iniciativas locales en Oaxaca han mostrado avances modestos —programas comunitarios, brigadas de atención y convenios entre municipios y universidades—, pero hacen falta recursos sostenidos y un enfoque intercultural que respete prácticas y lenguas indígenas.
El periodismo local, incluido el trabajo de El Imparcial de Oaxaca, contribuye a visibilizar rostros y datos que suelen quedar fuera de los grandes debates. La invitación es doble: por un lado, que las autoridades refuercen políticas públicas con presupuesto y presencia territorial; por otro, que la sociedad reconozca la urgencia y derribe el estigma para que más jóvenes busquen y reciban ayuda.
La salud mental de una generación no es una nota al pie: es una inversión en el tejido social. Atenderla significa menos sufrimiento inmediato y más posibilidades de que los jóvenes de Oaxaca construyan proyectos de vida dignos. Si hay algo que muestran las voces recogidas en la entidad, es que reconocer el problema es el primer paso. El segundo, imprescindible, es actuar.
Reportaje elaborado con información de El Imparcial de Oaxaca, la Secretaría de Salud y datos de INEGI; a partir de entrevistas con profesionales y jóvenes de la región.
Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por El imparcialoaxaca .
