Nino Morales señala a Oaxaca como semillero de la transformación intercultural
El legislador zapoteco llamó a trabajar unidos «por y para el pueblo», señaló en entrevista con El Imparcial de Oaxaca.
Oaxaca no es solo un territorio de colores y fiestas, dijo Nino Morales: es un laboratorio vivo donde conviven lenguas, saberes y formas de organización que pueden inspirar políticas públicas distintas. En una conversación con El Imparcial de Oaxaca, el legislador zapoteco defendió la idea de que la interculturalidad aquí no es un concepto teórico, sino una práctica cotidiana que debe ser el eje de la transformación social.
Morales recordó que la diversidad oaxaqueña —lenguas, usos y costumbres, expresiones artísticas y sistemas comunitarios— ha permitido a pueblos y barrios inventar respuestas propias a problemas como la falta de servicios, la defensa del territorio y la transmisión cultural. «No podemos imponer modelos ajenos; tenemos que partir de lo que la gente hace cada día», dijo, insistiendo en la necesidad de políticas que dialoguen con las comunidades y no que las sustituyan.
La propuesta del legislador combina reconocimiento y acción: reconocer la autoridad de las formas comunitarias de gobierno, fortalecer la educación intercultural y bilingüe, y garantizar recursos para proyectos culturales y productivos locales. Según Morales, estas medidas tienen impacto directo en la vida cotidiana: mejoran la escolaridad de niñas y niños que hablan una lengua indígena, fortalecen economías locales y reducen presiones migratorias cuando hay oportunidades en la región.
No obstante, el reconocimiento no basta. El diputado también admitió retos importantes: la desigualdad económica, la brecha en acceso a servicios de salud y educación, y la necesidad de coordinar esfuerzos entre municipios, estado y sociedad civil. Enfatizó que la transformación intercultural exige presupuestos claros, capacitación y mecanismos de rendición de cuentas para que los recursos lleguen y se usen con transparencia.
Desde una perspectiva práctica, Morales propuso articular iniciativas desde lo local: apoyo a escuelas bilingües, impulso a proyectos productivos comunitarios sostenibles, y programas culturales que visibilicen lenguas y prácticas tradicionales. «La interculturalidad no es decoración. Es infraestructura social», afirmó, metáfora que resume su mirada: las políticas deben ser andamiaje que sostenga lo que ya existe y permita crecer.
El llamado final del legislador fue a la unidad y a la participación ciudadana. Para él, transformar no es tarea exclusiva de los representantes; es un proceso donde las comunidades, organizaciones y autoridades caminan juntas. El Imparcial de Oaxaca registró su invitación a sumar voces y vigilancia en la ejecución de programas, como condición para que la interculturalidad deje de ser palabra y se convierta en cambio real.
En un estado con tradiciones muy arraigadas y retos estructurales, la apuesta de Nino Morales apunta a un cambio desde abajo: políticas públicas que respeten saberes locales, redistribuyan recursos y abran espacios para que la gente decida. Queda por verse cómo se traducirán esas intenciones en leyes y presupuestos concretos, pero la conversación ya colocó en el centro una pregunta clave: si Oaxaca tiene en su diversidad la semilla de la transformación, ¿estamos dispuestos a regarla entre todos?
Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por El imparcialoaxaca .
