Seis contagios diarios en hospitales públicos: quiénes pagan el precio y qué hay que cambiar
Unos 6 pacientes se infectan cada día en nosocomios públicos; los más afectados son menores de un año y adultos de 65 años o más, según reporta El Imparcial de Oaxaca.
La cifra duele en números y en personas: alrededor de 2,190 infecciones asociadas a la atención médica al año si se mantiene el ritmo de seis contagios diarios. No son estadísticas frías. Son recién nacidos obligados a permanecer más tiempo en una incubadora, abuelos que salen de una cirugía con una nueva complicación y familias que ven cómo una recuperación prevista se complica.
Expertos consultados por organismos como la Organización Mundial de la Salud y la Secretaría de Salud coinciden en que estas infecciones suelen obedecer a problemas prevenibles: higiene de manos insuficiente, sobrecarga y falta de personal, ausencia de protocolos claros, escasez de insumos básicos como guantes y jabón, y uso indebido de antibióticos que fomenta bacterias resistentes.
Las infecciones más frecuentes en hospitales públicos son las del tracto urinario asociadas a catéteres, las infecciones de sitio quirúrgico, las neumonías asociadas a ventilación y las bacteriemias por catéteres. Patógenos como Staphylococcus aureus, Escherichia coli y Klebsiella aparecen con regularidad, y la resistencia bacteriana complica tratamientos y aumenta estadías y costos.
Los grupos más vulnerables, señala El Imparcial de Oaxaca, son los menores de un año y las personas de 65 años o más. En los recién nacidos el sistema inmune aún se está formando; en las personas mayores, las defensas suelen estar disminuidas y las comorbilidades son más comunes. Esa combinación convierte pequeñas fallas en riesgos mayores.
En un pasillo de un hospital público, una enfermera que prefirió no dar su nombre contó que muchas veces faltan insumos básicos durante turnos críticos y que el tiempo para higiene entre pacientes se reduce cuando faltan manos. “Queremos hacer las cosas bien, pero a veces es luchar contra el reloj y la escasez”, dijo.
¿Qué puede cambiar? Hay medidas concretas y comprobadas: reforzar la higiene de manos con estaciones accesibles, protocolos estrictos para el uso y retiro de dispositivos invasivos, programas de vigilancia de infecciones que detecten brotes a tiempo, formación continua del personal y políticas de administración responsable de antibióticos. Todo esto requiere presupuesto, liderazgo institucional y transparencia para que la sociedad pueda vigilar resultados.
Desde una perspectiva pública y social, reducir estas infecciones es una inversión: menos días de hospital, menos cirugías de reintervención, menos antibióticos de amplio espectro y menos muertes prevenibles. No basta con denunciar el problema; hace falta que autoridades y gestores de salud pongan prioridades claras y que la ciudadanía exija cuentas. Iniciativas comunitarias y la presión pública han logrado mejoras en otros países; aquí también pueden impulsar cambios.
El Imparcial de Oaxaca pone sobre la mesa una alerta que debe ir acompañada de acciones. La salud pública se parece a una red: si se rompe un nudo, la caída alcanza a todos. Hay soluciones conocidas y aplicables; lo que falta muchas veces es voluntad política y recursos para sostenerlas.
Fuente: El Imparcial de Oaxaca, con respaldo en criterios técnicos de la Organización Mundial de la Salud y la Secretaría de Salud.
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