Oaxaca pelea contra el analfabetismo: mayores, comunidades indígenas y zonas rurales en el centro del problema
«Sigue como cáncer entre las personas de mayor edad», me dijo una maestra comunitaria que trabaja en la Sierra. Esa frase resume lo que confirman los datos: Oaxaca continúa entre las entidades con mayores tasas de analfabetismo en el país, según el INEGI.
De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, las cifras de analfabetismo en Oaxaca están por encima del promedio nacional y se concentran en tres grupos: personas mayores, habitantes de localidades rurales y comunidades indígenas. No es solo un número: es la barrera que impide a muchas personas acceder a derechos básicos como la participación política plena, el acceso a trámites y servicios, y oportunidades económicas.
En mi recorrido por comunidades de la Mixteca y la Sierra, encontré historias que ilustran ese impacto. Doña María, de 67 años, me contó que nunca tuvo oportunidad de ir a la escuela y que hoy depende de sus hijos para entender documentos o recetas médicas. Historias como la suya muestran que la falta de alfabetización se hereda socialmente y limita la autonomía de las personas mayores.
Las causas son conocidas: pobreza, dispersión geográfica, educación bilingüe insuficiente y años de abandono institucional en zonas marginadas. El INEGI también refleja brechas de género y de lengua: las mujeres y las personas que hablan alguna lengua indígena enfrentan mayores dificultades para aprender a leer y escribir.
No todo es diagnóstico. Existen programas federales y estatales, así como el trabajo del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) y organizaciones locales, que han logrado alfabetizar a miles. Sin embargo, esos esfuerzos requieren fortalecerse: más presupuesto, materiales en lenguas originarias, capacitación docente y centros de aprendizaje accesibles en las comunidades.
Propuestas concretas que pueden marcar la diferencia incluyen impulsar campañas de alfabetización con enfoque comunitario, integrar la alfabetización en programas de salud y productividad local, promover esquemas de acompañamiento intergeneracional y asegurar que los materiales estén en las lenguas que se hablan en Oaxaca.
Como periodista y como vecino de este estado, creo que enfrentar el analfabetismo no es solo tarea del gobierno: requiere impulso ciudadano. Escuelas abiertas por la tarde, brigadas de lectura, voluntariado de jóvenes estudiantes y apoyos a promotores comunitarios pueden acelerar los avances.
El INEGI pone el foco en un problema persistente. La pregunta es qué hacemos desde la sociedad y las instituciones para que la próxima generación no herede esta deuda. Más información y recursos locales pueden transformar el diagnóstico en acciones que devuelvan autonomía y dignidad a quienes hoy aún no leen ni escriben.
Fuente: INEGI
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