Cuando la desventaja se volvió táctica: el regreso del agarre de lapicero
En una mesa de tenis de mesa, lo que parece limitación puede transformarse en identidad y ventaja. El agarre de lapicero —esa forma de sujetar la pala similar a un bolígrafo— dejó de ser una rareza y volvió a verse en la élite porque ciertos jugadores decidieron dejar de ocultar sus límites y, en cambio, construir alrededor de ellos un estilo completo.
Figuras como Ma Lin, Wang Hao, Xu Xin y el olímpico Ryu Seung-min están entre quienes mantuvieron vivo este agarre y lo modernizaron. Según reportes y entrevistas recogidas por El Imparcial de Oaxaca, entrenadores y especialistas explican que la clave no está en el agarre en sí, sino en cómo se lo adapta: mayor movilidad de muñeca para generar efectos, posicionamiento rápido para maximizar el forehand y la incorporación de la llamada reverse backhand para no quedar expuestos en el revés.
En términos prácticos eso significa jugar cerca de la mesa con ataques cortos y potentes, aprovechar el giro con flicks (toques rápidos) y trabajar mucho la anticipación y el desplazamiento lateral. Lo que otros ven como limitación —un revés menos natural que en el agarre shakehand— se compensa con estrategia, preparación física y táctica colectiva.
Detrás de la anécdota técnica hay una lección social: en clubes, escuelas y programas deportivos comunitarios, aceptar distintas maneras de jugar permite que más personas se acerquen al deporte. Entrenadores consultados por El Imparcial de Oaxaca subrayan que la diversidad de estilos enriquece la competencia y abre rutas para jóvenes que no encajan en el molde tradicional.
El retorno del agarre de lapicero también interpela a las políticas públicas deportivas. Apoyar infraestructura, capacitación de entrenadores y ligas locales es invertir en espacios donde métodos no convencionales puedan afinarse. No se trata solo de buscar medallas, sino de asegurar que el deporte sea un motor de inclusión y creatividad en las comunidades.
En la mesa, como en la vida, convertir una desventaja en ventaja exige confianza, trabajo y una mirada colectiva que valore la diversidad. Si el agarre de lapicero resiste en la élite, es porque alguien decidió que su limitación no sería su sentencia, sino su sello distintivo.
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