Riesgo real: la IA puede dejar sin empleo a más de 5 millones de jóvenes, alerta la OIT
Descubre las regiones más afectadas y qué habilidades serán clave para el empleo
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) encendió una señal de alarma: la expansión de la inteligencia artificial amenaza con eliminar los empleos de más de 5 millones de jóvenes en el mundo. No se trata de una predicción lejana, sino de un efecto que ya empieza a notarse en sectores donde las tareas repetitivas y previsibles son la norma.
Según la OIT, las regiones más vulnerables son aquellas donde una gran parte del empleo juvenil se concentra en actividades rutinarias y donde el mercado laboral es más informal. Esto incluye países de América Latina y el Caribe, el sur de Asia y partes de África subsahariana, donde jóvenes trabajan en ventas, atención al cliente, tareas administrativas y algunas cadenas de producción que la automatización puede reemplazar con rapidez.
Para imaginarlo de forma sencilla: si hoy muchos jóvenes trabajan como cajeros, operarios de planta o asistentes administrativos, la llegada de sistemas que pueden procesar cobros, monitorear líneas de producción o gestionar trámites podría reducir la demanda de esos puestos. Eso no significa que todos pierdan su empleo, pero sí que la oferta y la naturaleza del trabajo cambiarán con rapidez.
¿Qué pueden hacer los jóvenes y qué deben exigir las políticas públicas? La OIT apunta a varias rutas claras. Primero, la formación: combinar habilidades digitales básicas con capacidades que las máquinas no replican fácilmente, como pensamiento crítico, creatividad, resolución de problemas y habilidades interpersonales. Segundo, programas de reconversión laboral y formación técnica accesible, sobre todo en zonas rurales y barrios urbanos con menos oportunidades. Tercero, redes de protección social que amortigüen la transición entre empleos y fomenten el emprendimiento.
En México esto implica fortalecer la educación técnica pública, ampliar los programas de aprendizaje dual entre empresas y escuelas, y promover políticas que favorezcan empleos de calidad —no solo más empleos—, con derechos laborales y salarios dignos. También es urgente invertir en sectores con potencial de crecimiento sostenible, como la economía verde, la atención primaria de salud y los servicios culturales y comunitarios.
La OIT subraya que el problema tiene solución si se actúa con tiempo y enfoque social. No basta con celebrar los avances tecnológicos: es necesario diseñar políticas que protejan a quienes quedan en la orilla de la transformación. Eso exige recursos, voluntad política y la participación de sindicatos, empresas, universidades y organizaciones civiles.
Para las familias y los jóvenes, la recomendación es clara: apostar por la formación continua, aprovechar programas públicos de capacitación y buscar experiencia práctica que complemente el aprendizaje teórico. Para la sociedad en su conjunto, la tarea es más amplia: construir un mercado laboral que incluya a las nuevas generaciones, no que las deje atrás.
Conclusión. La advertencia de la OIT no es un llamado a detener la tecnología, sino a humanizar su adopción. Si las políticas públicas priorizan la formación, la protección social y la creación de empleos de calidad, la IA puede ser una herramienta para generar oportunidades en lugar de cerrar caminos a la juventud.
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