Quién quedó fuera: las voces que no llegaron al debate público

Por un joven periodista

La conversación pública no es un espacio neutral: tiene puertas y pasillos que dejan entrar a algunos y excluyen a otros. Así lo señala Misael Sánchez en La conversación desplazada, donde traza cómo, durante buena parte del siglo XX, los periódicos cumplieron una función de mediación que hoy han perdido en gran medida. Pero además de medios tradicionales, hoy hay nuevas barreras: concentración de medios, algoritmos que priorizan ruido sobre fondo y un ecosistema donde el miedo y la falta de recursos silencian voces esenciales.

¿Quiénes son los que quedan fuera? En México, lo habitual es encontrar fuera del micrófono a comunidades indígenas y rurales que no tienen acceso real a plataformas; a periodistas locales que se autocensuran por amenazas; a organizaciones sociales que no cuentan con espacios de alcance nacional; y a jóvenes y mujeres cuyas demandas se vuelven trending topics pasajeros pero no políticas públicas sostenibles. Organizaciones como Artículo 19 y Reporteros Sin Fronteras han documentado cómo la violencia y la impunidad generan un efecto silenciador sobre reporteros y comunicadores comunitarios.

El problema no es solo violencia. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) ha señalado brechas en acceso a internet y uso de medios digitales que limitan la participación plena de grandes sectores de la población. A eso se suma la lógica comercial de cadenas y plataformas que privilegia audiencias rentables y discursos hegemónicos por sobre la pluralidad.

Ese silencio tiene consecuencias concretas: decisiones públicas que no toman en cuenta realidades locales, políticas sociales diseñadas desde oficinas sin la voz de quienes las sufrirán, y una calidad de debate que se empobrece cuando faltan datos, testimonios y preguntas incómodas. Es la democracia en modo eco: repetimos lo mismo y creemos que eso es relación con la realidad.

¿Qué hacer para abrir esas puertas? Las soluciones no son mágicas, pero son prácticas. Fortalecer y financiar medios comunitarios; garantizar protección efectiva para periodistas locales; exigir a las plataformas transparencia sobre algoritmos; promover alfabetización mediática en escuelas y centros comunitarios; impulsar leyes que favorezcan el pluralismo y la rendición de cuentas. Todas estas propuestas requieren voluntad política y presión ciudadana.

La conversación desplazada de Misael Sánchez nos recuerda que recuperar el debate público es un trabajo colectivo: no basta señalar quién fue silenciado, hay que construir puentes para que vuelva a escucharse. Si queremos que la agenda pública responda a la vida cotidiana de la gente, toca empujar para que el micrófono deje de tener volumen selectivo.

Fuentes: Misael Sánchez, La conversación desplazada; Artículo 19; Reporteros Sin Fronteras; INEGI.

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